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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Resident Evil según Zach Cregger: un viaje de 95 minutos al origen del virus T, con Austin Abrams como mensajero perdido

La nueva película del director de Weapons se anima a adaptar la saga de Capcom con un protagonista común que termina convertido en monstruo. Repasamos la trama, el rodaje en Praga y las claves de un desenlace que, según el propio elenco, funciona como punto de partida del desastre.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 22 d
Resident Evil según Zach Cregger: un viaje de 95 minutos al origen del virus T, con Austin Abrams como mensajero perdido

Imaginen la pantalla en negro y, de pronto, el ruido seco de un motor en una ruta nevada. Ese es el arranque que propone la nueva película de Zach Cregger: Bryan, un mensajero cualquiera, al volante con un paquete que nunca debió aceptar como última entrega antes de volver a casa con su novia embarazada. A partir de ahí, la película corre casi sin respiro durante 95 minutos y se planta en Raccoon City, el escenario más emblemático de la saga de Capcom, para recordar que, antes de las balas y los zombies a gran escala, todo empezó con un hombre común que se topó con el virus equivocado.

Un actor que ya sabe cómo trabaja el director

Lo primero que llama la atención es que Austin Abrams vuelve a ponerse a las órdenes de Cregger después de Weapons. Y eso se nota: comparten un mismo lenguaje silencioso, de personajes que reaccionan antes de pensar. En esta oportunidad, Abrams interpreta a alguien sin entrenamiento, sin armas y sin la menor idea de lo que se viene, y contó que justamente ése fue el ejercicio más difícil: sostener durante toda la película la fragilidad de una persona común que de repente tiene que correr, esconderse y gritar.

  • Duración aproximada: 95 minutos.
  • Rodaje principal: Praga, con nieve real y temperaturas bajo cero.
  • Protagonista: Bryan, mensajero con un encargo final antes de reencontrarse con su novia embarazada.
  • Director: Zach Cregger, el mismo de Weapons.
  • Clave del relato: el paquete que transporta contiene un antídoto para el virus T.

El rodaje fue de esos que quedan en la memoria del elenco. Abrams recordó jornadas en las que la lluvia se congelaba encima del vestuario y escenas de carrera por la nieve que exigían un esfuerzo físico extra. A ese clima helado se sumó un reto puramente actoral: mostrar los cambios físicos de Bryan a medida que la infección avanza, hasta convertirlo en una criatura de gran tamaño, algo que Cregger resolvía pidiéndole que intensificara los rugidos hasta superar la incomodidad de actuar como un monstruo.

Atención: a partir de acá se revelan detalles del argumento y del final

El punto de quiebre llega cuando Bryan atropella accidentalmente a una mujer que, casi de inmediato, empieza a transformarse en zombi. A partir de ese choque, la película se convierte en una huida: primero de la mujer convertida, después de un policía que también termina mutando, y más tarde en una granja donde el mensajero encuentra un refugio engañoso. Lo que carga en la cajuela, mientras tanto, no es cualquier cosa: es un antídoto contra el virus T, una de las claves históricas de la saga, aunque él ya lleva una mordedura encima y sabe que el reloj corre en su contra.

Lo más interesante, y lo que el propio Abrams destacó como una de las sorpresas del rodaje, es que Cregger eligió llevar al protagonista hasta la muerte. Bryan no se salva, no se convierte en héroe clásico y, sobre todo, no logra lo que se propuso. Para el actor, esa decisión no es un capricho oscuro del director: al contrario, es la que permite entender cómo el virus T se terminó expandiendo igual, pese a que existió una oportunidad concreta de frenarlo. Por eso la describe como una historia de orígenes, un punto de partida que explica el desastre que después vimos en los juegos.

“Me sorprendió que decidan matarlo y frustrar todo lo que él venía buscando. Pero tiene sentido: si él hubiera ganado, no habría habido historia para contar después.”Austin Abrams, sobre el desenlace de su personaje

Uno termina la función con una sensación rara, de esas que mezclan admiración y tristeza. Porque Cregger no hace un blockbuster de acción vacío: hace algo más cercano al cine de monstruos de los años ochenta, donde el sufrimiento del protagonista importa tanto como el escenario que se derrumba a su alrededor. Y en ese terreno, Abrams entrega un trabajo físico y emocional que se siente genuino, sobre todo cuando el cuerpo de Bryan deja de ser el de un mensajero y se vuelve otra cosa. Si me preguntan a mí, lo que más me llevo de la sala es la idea de que Resident Evil, como relato, necesita volver a sus raíces para entender por qué el mundo se rompió. Y este envío a Raccoon City, con su héroe imperfecto y su final sin redención, cumple con esa promesa.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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