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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Silo temporada 3: la memoria como campo de batalla y un creador que se anima a reescribir a Hugh Howey

Graham Yost, el showrunner de la distopía de Apple TV+, repasa en una entrevista las decisiones más arriesgadas de la nueva entrega: por qué la protagonista amanece sin recuerdos, cómo se redimen los villanos y de qué manera el autor de los libros avala los cambios.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 42 d
Silo temporada 3: la memoria como campo de batalla y un creador que se anima a reescribir a Hugh Howey

Hay una imagen que se me quedó grabada después de ver los primeros capítulos de la tercera temporada de Silo, esa serie de ciencia ficción que Apple TV+ viene sosteniendo con pulso firme desde hace ya un par de años: una sala donde el silencio parece pesar. No es un vacío decorativo, es un silencio construido a fuerza de secretos, de puertas que no se abren y de memorias que alguien se encarga de borrar. Y eso, justamente, es lo que decidió poner en el centro de la trama Graham Yost, el showrunner que tomó las riendas del programa y que ahora, en diálogo con la prensa especializada, repasa las decisiones creativas más resonantes de esta nueva entrega. La memoria, como mecanismo de poder, como herramienta de control y también como territorio donde se juega la identidad de los personajes, se transformó en el corazón palpitante de estos episodios.

El punto de partida: un personaje que ya no sabe quién es

Quien haya leído los libros de Hugh Howey recordará a Daniel, aquel personaje que despierta de la criosuspensión completamente convencido de llamarse Troy. Ese hombre desorientado, instalado en el centro del relato original, funcionó para Yost y su equipo como una suerte de piedra fundacional. Si el control de la memoria es, como ellos mismos reconocieron, una parte fundamental de este proyecto, y si en el Silo 18 prácticamente borraron los recuerdos de todos los habitantes hace ya 140 años, entonces la pregunta lógica era qué hacer con Juliette cuando regresara al silo. Las autoridades iban a querer deshacerse de ella, de eso no cabía duda. El problema, como señaló Yost con una sonrisa que uno imagina algo traviesa, era otro.

“¿Y si no pueden matarla porque es demasiado popular?”Graham Yost

De esa pregunta aparentemente simple salió toda la arquitectura narrativa de la temporada. Borrarle la memoria a la protagonista, jugada arriesgada donde las haya, terminó siendo una solución elegante para un problema concreto: la historia necesitaba tiempo, necesitaba que Juliette recorriera un camino de reconstrucción personal antes de volver a empuñar el timón de la rebelión. Y al mismo tiempo le permitió a Rebecca Ferguson componer, episodio a episodio, a una mujer que tiene que volver a aprender quién es, qué le duele y por qué lucha. Lo que en el papel podía sonar a capricho de guionista termina funcionando, al menos en el desarrollo, como una de las apuestas más ambiciosas de la serie.

Un personaje nuevo, un libro de base y el respaldo del autor

La tercera temporada de Silo cubre, como bien explica Yost, el segundo volumen de la trilogía escrita por Hugh Howey, un libro en el que Juliette directamente no aparece hasta el final. Esa limitación obligó al equipo a construirle a la protagonista una historia completamente propia, paralela al material original, y a incorporar además a un personaje nuevo: la hermana de Daniel, una aviadora naval que regresa de una misión sin poder recordar nada de lo vivido. Es un recurso que no solo enriquece el universo, sino que le permite a la serie explorar la fragilidad humana desde otro ángulo. Y por si quedaban dudas, el propio Howey está más que conforme con los cambios. Howey publicó originalmente su primera historia en Amazon y creció en la cultura del fanfic, donde reinterpretar los materiales de origen es parte del juego. Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia, resumió Yost con una frase que deja en claro el espíritu colaborativo del proyecto.

Los villanos también tienen derecho a dudar

Hay algo que me gusta especialmente de cómo Yost y su equipo piensan a los antagonistas, y que vale la pena destacar: para esta serie no existen los villanos absolutos. Bernard y Sims, que en las primeras temporadas aparecían como figuras francamente amenazantes, en realidad actuaban toda vez convencidos de que estaban protegiendo al silo. Cuando en la tercera entrega descubren que el Silo Uno puede destruirlos en cualquier momento, deben elegir qué hacer con esa verdad, y ahí es donde la cosa se pone interesante de verdad. Las personas pueden redimirse, afirma Yost sin rodeos. Incluso las personas que han hecho cosas malas, en muchos casos, no sabían que eran los malos. Esa mirada, que huye del maniqueísmo barato y prefiere rastrear las zonas grises de la condición humana, es probablemente una de las marcas más distintivas de Silo.

  • El showrunner Graham Yost explicó que la decisión creativa de borrar la memoria de Juliette nació del personaje de Daniel, que despierta creyéndose Troy.
  • La temporada 3 adapta el segundo libro de la trilogía de Hugh Howey, en el que Juliette recién aparece sobre el final.
  • Se incorporó un personaje nuevo: la hermana de Daniel, aviadora naval que regresa de una misión sin recuerdos.
  • El autor Hugh Howey respalda los cambios porque su origen está en la cultura del fanfic, donde reinterpretar las fuentes es parte del juego.
  • Bernard y Sims, los antagonistas de las primeras temporadas, aparecen aquí atravesados por un dilema moral que los obliga a reconsiderar su propio rol en la historia.

Si me preguntan a mí, y ya que estamos en confianza, lo que más me seduce de esta temporada es la manera en que se anima a jugar con las reglas del propio relato que está adaptando. Silo nunca fue una serie de cienciaicción que se conformara con ser un vehículo de efectos especiales o de giros inesperados: siempre apostó por el detalle, por el susurro más que por el grito, por la convicción de que en una sociedad encerrada la mayor amenaza no viene de afuera sino de adentro. Y en esa dirección va esta tercera entrega, que se permite el lujo de discutir nada menos que qué somos cuando nos sacan los recuerdos, y qué somos cuando, a pesar de todo, decidimos volver a construirlos. A mí, particularmente, me dejó con ganas de seguir acompañando a Juliette por el camino, y eso, tratándose de una distopía, no es poco.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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