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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Síntomas cardíacos silenciosos en mujeres: cuando el cuerpo avisa sin que lo parezca

Una cardióloga británica advierte que el dolor de pecho no siempre aparece primero y describe seis pistas que muchas mujeres desestiman hasta que el cuadro se vuelve grave.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 25 d
Síntomas cardíacos silenciosos en mujeres: cuando el cuerpo avisa sin que lo parezca

Son las seis de la tarde en un consultorio del Hospital London Bridge y la cardióloga Shrilla Banerjee recibe a una mujer de cincuenta y pocos años que le confiesa, casi con vergüenza, que hace semanas siente un cansancio inexplicable. Me dice que lo atribuyó a los turnos dobles en el trabajo y a los cambios hormonales de la menopausia, recuerda la especialista, y que recién se animó a venir cuando un domingo, subiendo la escalera del subte, sintió un peso raro en el brazo izquierdo y un mareo que la obligó a sentarse en un escalón. Esa escena, repetida en distintas pacientes, es la que empujó a Banerjee a difundir una serie de advertencias que vale la pena repasar, porque el infarto en mujeres suele disfrazarse de otra cosa.

Cuando el corazón avisa sin doler en el pecho

Lo primero que la cardióloga aclara es que el dolor en el pecho no es la única señal ni necesariamente la más temprana en mujeres. Las molestias pueden aparecer en la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o uno o ambos brazos, y aun así tener un origen cardíaco. La explicación es fisiológica y ayuda a entender por qué se confunden con otros malestares: cuando el músculo cardíaco recibe menos oxígeno del que necesita, las señales dolorosas viajan hasta la médula espinal, y como esas vías comparten conexiones con otras regiones del cuerpo, el cerebro termina registrando la molestia en un hombro, en una muela o en la muñeca. Eso explica que tantas pacientes lleguen a la guardia pensando que tienen un problema odontológico o muscular cuando en realidad están transitando una angina.

  • Síntomas que se repiten al hacer esfuerzo, como subir escaleras, cargar bolsas o tender la cama.
  • Malestar en mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos aunque no haya dolor en el pecho.
  • Acidez o indigestión que aparecen sin relación con las comidas, sobre todo de madrugada.
  • Agotamiento fuera de proporción con la actividad realizada.
  • Sudores fríos, náuseas, mareos o sensación de pánico combinados con molestia en el pecho.
  • Dolor que se percibe como pinchazos o pellizcos y no como una presión clásica.

Banerjee remarca que la repetición bajo esfuerzo es la pista más confiable para consultar. Lo que me importa es el patrón, sostiene la especialista del Hospital London Bridge: si el síntoma aparece cada vez que la paciente hace un movimiento que demanda más al corazón y no encuentra otra causa razonable, no hay que dejarlo pasar. Esa insistencia es la que suele separar un cuadro benigno de una enfermedad coronaria incipiente.

La indigestión que terminó en stents

El caso más ilustrativo que menciona la cardióloga es el de una paciente que llegó a la consulta convencida de que tenía un problema digestivo. Hacía meses sufría episodios de eructos y una acidez que aparecía de madrugada, sin relación con lo que había cenado. Los antiácidos le calmaban un poco, pero el cuadro volvía. Cuando finalmente se hizo un angiograma, los cardiólogos detectaron una enfermedad coronaria grave que requirió la colocación de stents. La moraleja, dice Banerjee, es que una indigestión que aparece sin explicación, en horarios inhabituales y se suma a otros malestares merece al menos una consulta cardiológica, sobre todo después de los cincuenta años.

“Cuando el músculo cardíaco recibe menos oxígeno, las señales viajan a la médula espinal y el cerebro las registra en un hombro, una mandíbula o un brazo. Por eso tantas mujeres llegan pensando que tienen un problema odontológico o muscular.”Shrilla Banerjee, cardióloga consultora del Hospital London Bridge

A esos síntomas digestivos se suman los hormonales. La menopausia no solo trae sofocos y cambios de ánimo: la caída de estrógenos modifica la presión arterial, el colesterol y favorece la acumulación de grasa abdominal, tres factores que elevan el riesgo cardiovascular. Banerjee insiste con los controles periódicos de presión y colesterol a partir de esa etapa, porque muchos eventos cardíacos en mujeres se producen en los años posteriores a la última menstruación y se cruzan, justamente, con malestares que se suelen atribuir al climaterio.

Vuelvo a la escena del principio, la del consultorio a las seis de la tarde. La mujer del brazo izquierdo terminó esa visita con una batería de estudios y, según cuenta Banerjee, con la confirmación de que su corazón estaba pidiendo ayuda desde hacía rato. La especialista repite una frase que se parece a un consejo de vecina: si algo se repite al esfuerzo y no encuentra explicación, no lo catalogue como estrés hasta no haber consultado. En la Argentina, donde las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en mujeres, esa advertencia inglesa suena bastante cercana y, sobre todo, bastante urgente.

SG

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