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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Sopa de coliflor en trozos: cuerpo de cuchara, sin cremas ni espesantes

La versión troceada preserva los ramilletes enteros y se cocina en caldo aromatizado con pimentón dulce. Una receta lineal, breve, que admite pan de masa madre, garbanzos o un rallado vegetal.

Por Milagros CorreaAmbiente y ríos · · hace 57 min
Sopa de coliflor en trozos: cuerpo de cuchara, sin cremas ni espesantes

La diferencia entre una crema y una sopa en trozos no está en la olla, sino en la decisión deliberada de no pasar la verdura por la procesadora. Cuando la coliflor se cocina entera o en porciones generosas, cada ramillete conserva su forma y absorbe el caldo sin deshacerse, de modo que la cuchara llega con cuerpo y no con una pasta homogénea. Esa es la base de la variante que circula cada año con la llegada del frío, cuando la verdura está más firme y barata en las verdulerías del AMBA.

La preparación parte de un trabajo de campo sencillo: picar la cebolla en cubos, descartar las hojas externas de la coliflor y separar los ramilletes con un corte limpio en la base del tronco. En una olla amplia con aceite de oliva se lleva la cebolla a fuego medio hasta que quede transparente, se condimenta con sal y pimienta y se incorpora pimentón dulce, que se tuesta apenas unos segundos antes de sumar la coliflor. El secreto está en no dejar que el pimentón se queme: apenas despide aroma, la verdura entra al rehogo.

La cocción corta y la ausencia de espesantes

Tras un par de minutos de rehogado se suma caldo de verduras sin llegar a cubrir por completo la coliflor, y la cocción se prolonga unos 15 minutos a fuego medio. El resultado es un caldo aromático, con cuerpo, que no necesita crema ni espesantes para sostenerse en el plato. La coliflor, además de sumar fibra, aporta vitamina C, un nutriente que se preserva en buena parte porque la cocción es breve y el líquido no se descarta: se consume junto con el resto.

Para quienes viven en la costa del Plata o en zonas ribereñas, el acceso a verduras de estación suele ser directo en ferias barriales, y la coliflor de —perdón, de la región pampeana— suele llegar bien blanca y compacta. Vecinos de la costa consultados suelen repetir la misma queja: «En invierno comemos coliflor y zapallo porque es lo que se consigue a mano; lo demás queda lejos». Esa lógica de comida de estación ordena buena parte de la dieta de los hogares ribereños, sobre todo después de episodios como la inundación de 2003, cuando la verdulería del barrio se convirtió durante semanas en la única fuente de alimentos frescos para los vecinos del Bajo Belgrano y de La Boca, que perdieron mercadería almacenada y debieron volcarse a lo que el cinturón hortícola bonaerense podía entregar sin demoras.

Lo que falta hacer

La receta es lineal y no pide equipamiento especial: una olla, un cuchillo y una cuchara grande alcanzan. Queda pendiente, sin embargo, un trabajo de difusión que las cooperativas hortícolas del Gran Buenos Aires todavía no encararon con fuerza: difundir variedades de coliflor de estación, asociarlas a los fríos del Río de la Plata y comunicar que la coliflor en trozos no requiere procesador ni grandes gastos. Mientras esa tarea no se haga, la sopa seguirá cocinándose en casas puntuales, sin ocupar el lugar que le corresponde en la mesa invernal de los barrios ribereños.

MC
Milagros CorreaAmbiente y ríos

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