Tocar un instrumento y los rendimientos de los chicos en la escuela: lo que dice un estudio reciente y lo que todavía no puede probarse
Una investigación de la Universidad Northeastern con 76 niños de entre 7 y 9 años volvió a poner el foco en la relación entre la música y el aprendizaje. La nota repasa qué midió, qué encontró y por qué los propios autores piden cautela antes de hablar de causalidad.
El consultorio está lleno de familias que llegan con la misma pregunta de siempre: si anoto a mi hijo en clases de piano o de violín, ¿le va a ir mejor en la escuela? En los pasillos de la Universidad Northeastern, en Boston, esa preocupación también forma parte de la agenda. Allí se acaba de difundir un trabajo que vuelve a poner la lupa sobre la relación entre la música y el aprendizaje en chicos de entre 7 y 9 años, con resultados que llaman la atención pero que, aclaran los propios autores, todavía no zanjan la cuestión de fondo.
La investigación reunió a 76 chicos y los dividió en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento y le dedicaba a la práctica un mínimo de 30 minutos semanales; la otra mitad no tenía formación musical. Entre los que estudiaban música predominaban el piano y los instrumentos de cuerda. La comparación no fue al azar: las familias que acercan a sus hijos a un instrumento suelen ser las mismas que facilitan otro tipo de experiencias educativas, algo que el propio equipo reconoce como un dato a tener en cuenta antes de sacar conclusiones.
Qué se midió y qué diferencias aparecieron
Qué se midió y qué diferencias aparecieron
Qué se midió y qué diferencias aparecieron
- Memoria de trabajo: los chicos que tocaban un instrumento obtuvieron mejores puntajes en pruebas que evalúan la capacidad de retener información breve y utilizarla al mismo tiempo, como ocurre al recordar una consigna mientras se resuelve un ejercicio.
- Razonamiento y vocabulario: también se observaron diferencias a favor del grupo con formación musical en pruebas de razonamiento y de conocimiento de palabras.
- Aprendizaje visual y auditivo: las evaluaciones de reconocimiento de patrones visuales y sonoros arrojaron resultados superiores entre los músicos.
- Desempeño escolar: en lectura, escritura y matemáticas, los chicos con práctica musical mostraron mejores marcas en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
Para entender por qué se miden estas cosas conviene mirar qué pasa cuando un chico se sienta frente a un instrumento. Leer una partitura mientras se mantiene el ritmo y se coordinan ambas manos exige atender varias tareas al mismo tiempo. Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, vinculó esas demandas con lo que en psicología cognitiva se conoce como funciones ejecutivas: la capacidad de planificar, sostener la atención, controlar los impulsos y adaptarse a los cambios sobre la marcha.
En la misma línea, Anita Collins, investigadora y educadora musical, suele remarcar que aprender un instrumento ejercita algo más que los dedos: pone en juego la escucha, la planificación y la autorregulación. Ese entrenamiento, dicen los especialistas, podría trasladarse a otras situaciones de la vida escolar, aunque se trate de un puente que la ciencia todavía no termina de confirmar.
Qué dice el cerebro y qué aclara el estudio
Qué dice el cerebro y qué aclara el estudio
El análisis incluyó resonancias magnéticas a 50 de los participantes. Allí apareció una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones asociadas con la audición, el lenguaje y el movimiento, que los investigadores describen como más robusta entre los chicos con formación musical. Aun así, el equipo fue enfático en dos puntos: el hallazgo no permite afirmar que las clases de música hayan sido la causa de las diferencias cognitivas ni escolares, y los resultados deben leerse a la luz de un dato central: la formación musical tiene un costo económico que puede limitar el acceso de muchas familias.
En definitiva, lo que el estudio de Northeastern ofrece es una foto más nítida de una asociación que la literatura viene describiendo desde hace años: los chicos que tocan un instrumento tienden a obtener mejores resultados en pruebas de memoria, razonamiento y aprendizaje escolar. Lo que todavía no puede asegurar, y lo dice con honestidad, es que aprender a tocar sea la causa directa de esa ventaja. Para las familias que evalúan inscribir a sus hijos en una escuela de música, la conclusión más razonable parece ser la misma de siempre: si la música los entusiasma, hay razones de sobra para acompañarlos; si lo que se busca es exclusivamente un mejor rendimiento en la escuela, conviene tener claro que la ciencia todavía no llegó a una respuesta cerrada.
