Un nene de nueve años, una cámara y el ruido feroz de las redes sociales
Toto pidió que paren de hostigarlo después de su primera noche en MasterChef Junior. Su mamá habló del video, de un abrazo que no salió al aire y del peor debut que puede imaginarse para un chico que solo quería saber qué opinaba la gente de su plato.
Lo que pasa cuando un nene de nueve años se sienta frente a la pantalla del celular y empieza a deslizar comentarios es algo que yo, como adulta, todavía no sé bien cómo se mide. La luz del teléfono iluminando una cara chica, los pulgares bajando una y otra vez, las palabras que pinchan en cualquier edad pero que en una infancia hacen un ruido distinto, más hondo, más difícil de digerir. Eso fue lo que le pasó a Toto, el participante de MasterChef Junior que el domingo a la noche debutó en la pantalla de Telefe y que a los pocos horas ya estaba grabando un video con la voz cortada y los ojos húmedos, pidiendo, con una madurez que a mí me apretó el corazón, que paren de heatearlo.
Un debut que se transformó en pesadilla
Durante el primer episodio del ciclo conducido por Jimena Monteverde, Germán Martitegui y Donato De Santis, los equipos de chicos debieron enfrentar distintos desafíos. El equipo de Toto fue cuestionado por una hamburguesa y, en medio de la devolución, el nene mencionó que su compañera Ámbar la había preparado. Ella, que tiene la misma edad, se quebró en llanto frente a las cámaras porque temía quedar eliminada. La escena, que en otro contexto podría haber sido apenas un bache de cualquier reality, se viralizó en cuestión de minutos y las redes sociales se llenaron de mensajes contra el chico, al que muchos empezaron a leer como villano de una historia en la que ninguno de los dos protagonistas había pedido actuar.
Y acá aparece un detalle que a mí me parece clave, porque redefine cómo se entiende lo que vimos: Toto no maneja sus propias cuentas de Instagram. Las abren y las administran sus padres, en el marco de su participación en el programa. Sin embargo, el nene pidió ver la reacción del público a su debut y lo que encontró no fueron los mensajes lindos que esperaba sino una andanada de críticas que, según contó su mamá, lo dejaron devastado.
“Me están heateando y la verdad que me está afectando mucho. Yo ya le pedí disculpas a Ámbar, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona.”Toto, participante de MasterChef Junior
Eso dijo Toto en el video que subió su familia, mientras hacía un gesto con sus dedos para mostrar que él es mucho más que un recorte de cuatro minutos al aire. La frase, la manera en que la dijo, ese empecinarse en decir que detrás de la pantalla hay una persona, me parece lo más honesto que escuché en mucho tiempo en cualquier reality, sea infantil o de adultos.
La palabra de la mamá y lo que no se vio en el aire
Esta última enumeración que dejó la mujer es, a mi entender, la que desmiente de cuajo las lecturas más duras que circularon en las últimas horas. Porque el nene se disculpó en persona, abrazó a la compañera y reconoció lo que había pasado fuera de cámara, que es donde se construye cualquier relación humana, también la de dos chicos de nueve años que comparten una cocina estresante.
El debate que vuelve cada vez que un menor se vuelve tendencia
Lo de Toto no es un caso aislado. Cada vez que un nene o una nena se vuelven protagonistas de un formato de televisión, las redes sociales se llenan de expertos improvisados que diagnostican carácter, intenciones y moralidad como si tuvieran acceso a la conciencia del chico. Y la pregunta que me queda dando vueltas es la misma de siempre, pero esta vez formulada con más fuerza: dónde está el límite entre opinar sobre un programa que voluntariamente elegimos mirar y atacar a un niño que acaba de debutar en televisión y que todavía no tiene herramientas para procesar lo que se dice de él.
Yo, la verdad, no tengo una respuesta técnica para eso. Lo que sí tengo es la imagen de un pibe de nueve años mirándose en una pantalla, encontrando un odio que no pidió y decidiendo, igual, pararse frente a cámara para decir lo que siente. Si eso no nos obliga a repensar cómo consumimos estos shows y cómo comentamos lo que vemos, me parece que el problema no es de un nene que cocinó una hamburguesa. El problema somos los grandes, mirándonos desde un sillón, decidiendo a qué edad se puede ser persona pública y a qué edad no. Y en esa duda, a mí, Toto, me dejó pensando un buen rato.
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