Una canción conocida en el oído justo antes del pinchazo: la receta más simple contra el dolor
Un estudio del Hospital Universitario de Zúrich con más de 200 pacientes demostró que escuchar la música preferida de cada persona reduce de manera significativa el dolor de una punción con aguja, mientras que la música de relajación no aporta diferencias frente al silencio.
Son las nueve de la mañana en el servicio de resonancias del Hospital Universitario de Zúrich y la sala de espera huele a café recién hecho y a ese desinfectante algo dulzón que se pega a la ropa. Hay pacientes que llegan con cara de susto, otros con auriculares puestos, mirando el celular. Una enfermera los va llamando por nombre y apellido y les repite, casi con la misma cadencia, la misma frase: "Va a sentir un pinchito y listo". Muchos asienten sin terminar de escuchar, porque ya saben que esa aguja que entra en el pliegue del brazo para colocar una vía intravenosa puede doler, y duele, sobre todo si uno llega con los músculos en tensión. Desde hace algún tiempo, en este hospital europeo se probó algo tan simple como preguntarles qué canción quieren escuchar justo antes de la punción, y los resultados terminaron publicándose en la revista Frontiers in Pain Research y sacudiendo una idea instalada: que para calmar el dolor hace falta tecnología cara o fármacos nuevos, cuando a veces alcanza con poner play en el tema que uno más quiere oír.
Yo lo cuento porque me parece una de esas noticias que tocan la vida de cualquiera, incluso la de quien nunca pisó un hospital europeo. La punción con aguja es uno de los procedimientos médicos más frecuentes del mundo: vacunas, análisis de sangre, contrastes para estudios de imágenes, sueros, tratamientos oncológicos. Cualquier adulto de entre 40 y 60 años se enfrentó a varias decenas a lo largo de su vida, y muchas veces lo recuerda más por el pinchazo y la sensación posterior que por el estudio en sí. Si algo tan elemental como elegir la canción adecuada logra mellar ese recuerdo, el asunto merece ser contado con todas las letras.
Cómo fue el estudio
El equipo coordinado en el Hospital Universitario de Zúrich evaluó a más de 200 personas que debían recibir un agente de contraste por vía intravenosa antes de una resonancia magnética. Cada paciente calificó su dolor en una escala del uno al diez en cuatro momentos: antes de la punción, durante el procedimiento, a los treinta segundos y a los dos minutos de finalizado. Los participantes fueron repartidos en cuatro grupos bien diferenciados: sin música, con su canción o artista favorito, con Mozart y con música de relajación.
Los resultados mostraron que quienes escucharon su música preferida reportaron menos dolor tanto al medio minuto como a los dos minutos posteriores a la inserción de la aguja. El beneficio se observó tanto en quienes llegaban sin dolor como en los que ya tenían alguna molestia previa, lo que refuerza la idea de que la melodía elegida por el propio paciente actúa como una especie de cortina sonora que amortigua la señal que llega al cerebro.
Qué dicen los médicos que lo investigaron
“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal.”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich
Mozart también mostró un alivio notable, aunque con un matiz importante: el beneficio apareció sobre todo en los pacientes que llegaban con dolor preexistente. La música de relajación, en cambio, se comportó de manera casi idéntica al silencio total. La explicación que dan los propios investigadores es bien concreta: ese tipo de melodías suelen tener un ritmo lento, volumen bajo y muy pocas variaciones dinámicas, y terminan siendo ignoradas por el oyente, que desconecta automáticamente.
Por qué una canción conocida funciona y una genérica no
- La melodía familiar obliga al cerebro a prestar atención activa: uno tararea, recuerda una letra, imagina al artista, se transporta a un momento puntual.
- Esa atención compite con la señal de dolor y la debilita antes de que se perciba con toda su intensidad.
- El vínculo emocional con la canción suma un plus: melodías asociadas a recuerdos positivos disparan dopamina y bajan la percepción de amenaza.
- La música de relajación, al ser genérica, no exige esa implicación personal y termina funcionando como un fondo neutro, parecido al silencio.
El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró que el estudio se circunscribió a punciones de corta duración. Quedan abiertas dos líneas de investigación: comprobar si el beneficio se sostiene en procedimientos más largos o más dolorosos, y comparar la música con la simple presencia de una persona que dialogue con el paciente durante el procedimiento, ya que la compañía en sí misma podría tener un efecto tranquilizador que todavía no fue medido.
Vuelvo entonces a la sala de espera del principio, con su olor a café y a desinfectante, con esa mezcla de caras resignadas y auriculares enchufados. Pienso en la cantidad de veces que entré a un consultorio o a un laboratorio y nadie me preguntó qué quería escuchar. Pienso en los pacientes oncológicos que pasan horas con una vía puesta, en los chicos que se enfrentan a una vacuna y se quedan mirando el techo, en los adultos mayores que se tensan apenas ven el torniquete. La noticia que llega desde Zúrich no cura nada ni reemplaza a la anestesia, pero tiene algo que a mí, como ciudadana común, me reconcilia un poco con el sistema de salud: a veces, la herramienta más poderosa es la más barata, la más cercana, la que ya estaba guardada en el bolsillo de cada paciente.
