Una llaga que no cierra a tiempo: las señales en la boca que no conviene dejar pasar
Úlceras que no cicatrizan, manchas blancas o rojizas y dificultad para tragar pueden ser manifestaciones tempranas de cáncer oral. Especialistas de Estados Unidos coinciden en que la persistencia de esos síntomas durante más de dos semanas obliga a consultar.
A veces uno se levanta con una lastimadura en la encía o en el costado de la lengua y piensa que se mordió sin darse cuenta, o que fue algo caliente del café de la mañana. Yo misma lo he hecho: mirar al espejo, hacer una mueca y dejar pasar los días esperando que el cuerpo arregle lo suyo. El problema empieza cuando la semana pasa, después otra, y la llaga sigue ahí, abierta, molestando cada vez que uno mastica o habla. Ahí es donde la cosa deja de ser un trámite doméstico y empieza a pedir una consulta, porque en esa insistencia se esconde, a veces, el primer aviso de un cáncer oral que está empezando a instalarse en silencio.
Qué mirar y cuándo preocuparse
La Sociedad Americana del Cáncer, la clínica Mayo y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) describen un conjunto compartido de señales que vale la pena tener presentes, no para alarmarse en cada afta pasajera, sino para saber a partir de cuándo conviene golpear la puerta de un consultorio. La regla de oro es la persistencia: cualquier cambio en la boca que no se resuelva en más de dos semanas merece una evaluación profesional, porque detrás de esa demora se pueden estar escapando diagnósticos que, detectados a tiempo, cambian radicalmente el pronóstico.
- Úlceras o llagas que no cicatrizan después de dos semanas, tanto en encías como en lengua, paladar o cara interna de las mejillas.
- Manchas blancas o rojizas que aparecen sobre los tejidos blandos y no se quitan al cepillarse ni con el paso de los días.
- Bultos o zonas engrosadas en labios, lengua, encías o mejillas, que se palpan al pasar la lengua o el dedo.
- Dificultad para masticar, tragar o abrir la mandíbula con normalidad, acompañada de sensación de cuerpo extraño.
- Entumecimiento persistente en alguna zona de la boca, dolor continuo sin causa dental clara, sangrado sin motivo aparente y dolor de oído que no se explica por otras causas.
Mariana lo resume con la crudeza de quien lo vio de cerca: atiende la verdulería de siempre en el barrio de Belgrano y cuenta que a su padre le detectaron un carcinoma en el piso de la boca después de meses de convivir con una llaga que él atribuía al mal estado de su dentadura postiza. "El viejo decía que era la placa, que se había raspado con el pan, hasta que un día le empezó a doler el oído y ahí la cosa cambió. Si hubiéramos ido antes, tal vez la historia era otra", me dice mientras acomoda un cajón de naranjas, con esa voz queda que tienen los que aprendieron a fuerza de golpes.
Ninguno de esos signos confirma por sí solo un diagnóstico de cáncer, y en la enorme mayoría de los casos se trata de lesiones benignas, inflamatorias o vinculadas a irritaciones mecánicas. Pero la insistencia en el tiempo es lo que enciende la luz de alerta, porque cuando el cuerpo no resuelve lo que tendría que resolver, conviene escuchar en lugar de hacerse el distraído.
Cómo se llega al diagnóstico y qué pasa después
El recorrido empieza con un examen físico en el que el profesional observa y palpa las zonas con irritación o bultos, anota la ubicación de la anomalía y pregunta cuánto tiempo lleva presente. Si algo resulta sospechoso, el paso siguiente es una biopsia: se toma una pequeña muestra de tejido y se la analiza para confirmar o descartar la presencia de células cancerosas. Según la clínica Mayo, cuando el resultado es positivo se indican estudios por imágenes, como tomografía computada o resonancia magnética, para determinar si la enfermedad se extendió más allá de la cavidad bucal hacia los ganglios o los huesos cercanos.
Del lado de los factores de riesgo, los CDC ponen el acento en el tabaco en cualquiera de sus formas, desde cigarrillos hasta pipas o tabaco mascado, y en el consumo excesivo de alcohol. La combinación es la que más preocupa: el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estima que quienes fuman y beben en cantidades elevadas tienen entre cinco y catorce veces más probabilidades de desarrollar cáncer oral que quienes no tienen ninguno de los dos hábitos, un rango que por sí solo alcanza para mirar con otros ojos el cigarrillo de la sobremesa y la copa de más de los viernes.
El virus del papiloma humano, en particular el tipo 16, es otro factor reconocido. Esa variante se asocia con un riesgo aproximadamente quince veces mayor de desarrollar cáncer en la orofaringe, la zona que incluye la base de la lengua y las amígdalas. Los CDC recomiendan consultar sobre la vacuna contra el VPH, que demostró ser una herramienta eficaz de prevención, especialmente cuando se aplica en la adolescencia, antes del inicio de las relaciones sexuales. Después, la protección también es posible y conviene hablarlo con el médico de cabecera en lugar de quedarse con la duda.
Vuelvo al espejo del principio, a esa rutina de revisar la boca mientras el cepillo todavía tiene pasta y uno se mueve apurado por la mañana. La diferencia entre una lesión pasajera y una señal de cuidado está, en gran parte, en el tiempo: si la llaga, la mancha o el bulto siguen ahí cuando ya pasó la segunda semana, la consulta con un odontólogo o con un médico clínico no es un exceso, es una forma razonable de cuidarse. Como me dijo Mariana mientras me despachaba las naranjas: uno no se arrepiente nunca de haber ido al médico por las dudas, se arrepiente de no haber ido cuando todavía se podía hacer algo.
