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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una mermelada casera de moras silvestres que se luce en la tostada y suma a la tarta de queso

La preparación une el puré de moras colado con manzana rallada, azúcar y limón, en una cocción breve que permite guardarla en la heladera y aprovecharla durante varias semanas.

Por Milagros CorreaAmbiente y ríos · · hace 14 d
Una mermelada casera de moras silvestres que se luce en la tostada y suma a la tarta de queso

La mermelada de moras silvestres se instala como una de las apuestas más rendidoras para sumar a las tostadas del desayuno y de la merienda, aunque su utilidad va bastante más allá de la clásica feta con manteca. La preparación, de carácter netamente casero, combina el puré de moras colado con manzana rallada, jugo de limón y azúcar, y termina convirtiéndose en un recurso versátil para acompañar yogur natural, queso fresco o, incluso, para integrarse como capa de fruta en una tarta de queso.

Antes de encender la hornalla conviene tener presente una limitación que la propia receta deja planteada: no se precisa la cantidad inicial de moras, manzanas ni limones, ni tampoco las medidas exactas de azúcar y agua. A cambio, la elaboración ofrece dos referencias de peso que funcionan como guía práctica: alrededor de 525 gramos de moras una vez trituradas y coladas, y unos 175 gramos de manzana ya rallada. Son los datos con los que cuenta quien se anime a cocinarla.

El trabajo con las moras: lavar, triturar y colar

El primer tramo de la receta se concentra en el tratamiento de la fruta, que es la parte más laboriosa del procedimiento. Las moras se lavan con cuidado bajo agua fría y se dejan escurrir bien antes de pasar a la batidora. Una vez escurridas, se trituran junto con algo de agua hasta conseguir una mezcla uniforme, utilizando una batidora de mano o un robot de cocina, según la herramienta disponible en cada hogar.

El paso clave llega después, cuando el puré aún conserva todas las semillas. Para retirarlas, se hace pasar la mezcla por un colador de malla fina, presionando y moviendo con un cucharón para que la pulpa atraviese la trama y las pepitas queden retenidas. Ese trabajo manual es lo que diferencia a la mermelada casera de una versión más industrial: lleva su tiempo, pero deja una textura mucho más amable al paladar, sin esos granitos molestos que aparecen cuando las semillas se dejan en la preparación final.

La cocción en cacerola, breve y a fuego medio-bajo

Con el puré de moras ya limpio, llega el momento de reunir todos los ingredientes en la cacerola. La manzana se incorpora pelada y rallada con un rallador grueso, lo que le permite deshacerse durante la cocción y aportar cuerpo y dulzor natural a la mezcla. Del limón se aprovecha únicamente el jugo, que cumple la función de regular la acidez y ayudar a la conservación.

La cocción indicada es de 30 minutos a fuego medio-bajo, con movimientos ocasionales para evitar que la preparación se pegue al fondo de la cacerola. Es un tiempo razonable, que no exige estar pendiente de manera constante pero sí requiere una vigilancia periódica, sobre todo en los últimos minutos, cuando la mermelada empieza a espesar y el riesgo de que se queme es mayor.

  • Untar sobre tostadas en el desayuno o la merienda.
  • Acompañar una porción de yogur natural.
  • Servir junto a queso fresco como postre o entrada.
  • Incorporar como capa de fruta en una tarta de queso.

Al terminar la cocción, la mermelada se distribuye en frascos limpios, se deja enfriar a temperatura ambiente y se guarda en la heladera hasta el momento de consumirla. Bien conservada y tapada, se mantiene en buen estado durante varias semanas, lista para sumarla a las cuatro opciones de la lista anterior, según el antojo del día y el menú que se esté armando en cada casa.

MC
Milagros CorreaAmbiente y ríos

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