Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Veinte años después, vuelve a la pantalla grande esa chica que aprendió a saltar en el tiempo

Los Cines Verdi de Madrid y Barcelona programan una función única de la película de Mamoru Hosoda dentro del ciclo Anime Day. Una invitación a reencontrarse con un clásico moderno del anime japonés que mezcla ciencia ficción, romance y los primeros pasos de la adolescencia.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 17 d
Veinte años después, vuelve a la pantalla grande esa chica que aprendió a saltar en el tiempo

La sala todavía está vacía cuando se enciende la pantalla y aparece esa chica corriendo por los pasillos de la escuela, como si todavía tuviera el aire enredado en el pelo después de pedalear hasta último momento. Tiene diecisiete años, la mochila cargada y una expresión mezcla de pereza y desafío que a esta altura ya forma parte de la memoria compartida de varias generaciones de espectadores. Esa imagen inicial, casi un cálido sacudón de nostalgia, es la que vuelve a las salas veinte años después de su estreno original en Japón.

La protagonista descubre de un día para el otro que puede saltar hacia atrás en el tiempo y repetir cualquier situación que haya vivido. Al principio, como cualquier adolescente con una posibilidad así en la mano, la usa para nimiedades: evitar un examen, repetir una respuesta en clase, llegar tarde a propósito para conseguir un kyufu perfecto. Es una fase deliciosa, casi cómica, que el relato aprovecha para mostrarnos lo que somos cuando creemos que la vida se puede corregir en borrador.

El poder tiene un límite

El conflicto aparece cuando la chica entiende que los saltos no son infinitos. A partir de ese descubrimiento, la historia deja de ser un juego y empieza a ocuparse de algo más profundo: qué hacemos con las decisiones que tomamos, cómo afectan a las personas que queremos y de qué manera crecer implica hacerse cargo de lo que uno eligió, aunque duela. Ahí es donde la película se separa del divertimento liviano y se interna en un terreno emocional mucho más adulto, con el romance y la amistad como terreno de prueba.

Mamoru Hosoda llegó a esta película después de un recorrido por la animación japonesa que incluyó trabajos en series tan populares como Digimon, One Piece y Samurai Champloo. En su filmografía, La chica que saltaba a través del tiempo ocupa un lugar de inflexión: es la obra donde empieza a consolidarse como autor de largometrajes con voz propia, antes de títulos posteriores como El viaje de Chihiro en su recorrido paralelo o El verano de Coo. La película fue animada por el estudio Madhouse y combina con naturalidad la ciencia ficción más accesible con un drama romántico atravesado por la melancolía de la adolescencia.

Por qué sigue vigente

Verla de nuevo en una sala, en versión original con subtítulos, es un pequeño lujo al que vale la pena entregarse. La animación conserva una frescura enorme, la banda sonora sigue pegándose a la piel y hay algo muy actual en su manera de plantear los vínculos en la era del hipercontrol digital: cuando todo se puede repetir, qué significa realmente elegir. A esta altura, una ya vio muchas historias de viajes temporales, pero pocas las cuentan con la honestidad emocional con la que Hosoda trabaja el duelo, la amistad y el primer amor. Si alguna vez te cruzaste con esta película en un DVD prestado o en una tarde de streaming, te diría que vale la pena regalarle la pantalla grande. A veces volver sobre los mismos pasos, como le pasa a la protagonista, es la única forma de entender hacia dónde queremos ir.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

Te puede interesar