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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Vientre compartido: cuando dos madres se reparten la del comienzo

Una pareja de mujeres del conurbano bonaerense relata cómo fue planificar juntas cada embarazo y atravesar tratamientos, en un método que vuelve tangible el deseo de maternar las dos.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 29 d
Vientre compartido: cuando dos madres se reparten la del comienzo

El reloj de la cocina marca las siete de la tarde en una casa de Morón y Pamela Visciarelli todavía recuerda la primera vez que escuchó la sigla ROPA de boca de la médica que las atendía con ella y su mujer, Mariana Blanco. Aquella palabra, Recepción de Ovocitos de la Pareja, les cambió la planificación familiar y, sobre todo, la manera de explicar afuera lo que pasaba adentro. Hoy, mientras Juana corretea por el living y Eva duerme una siesta corta, las dos reconstruyen un recorrido que empezó con varios intentos fallidos y terminó con dos hijas y dos embarazos absolutamente compartidos.

La técnica existe hace años pero gana terreno en los consultorios argentinos porque permite que las dos integrantes de la pareja tengan un rol biológico concreto: una mujer aporta los óvulos y la otra lleva adelante la gestación. Para eso, la ciencia apela a una fecundación in vitro convencional, con una particularidad: el embrión que se forma con semen de un donante anónimo vuelve al útero de la mujer que no aportó los óvulos, no al de la misma que los donó. Esa ida y vuelta de material genético entre dos cuerpos que comparten la misma cama es lo que distingue al método, según explicó Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva y director de una clínica de Buenos Aires. “Para que quede claro: una se hace la estimulación ovárica, se le extraen los óvulos, se fecundan en el laboratorio y ese embrión se transfiere al útero preparado de su pareja”, resumió.

Quién pone los óvulos y quién gesta: una decisión de a dos

Antes de pisar el laboratorio, la pareja se sienta con el equipo médico y resuelve un asunto que no es menor: quién cumple cada función. Pasqualini insistió en que no hay una regla fija. “Siempre se evalúan dos cosas: lo que la pareja desea y lo que el cuerpo de cada una permite”, afirmó. En la práctica, esa conversación arranca mirando la edad y la reserva ovárica de las dos para definir quién entrega los óvulos y, en paralelo, se relevan los antecedentes ginecológicos y obstétricos y la salud uterina de quien va a gestar. Cuando las dos están en condiciones de hacer cualquiera de los dos papeles, la elección pasa a un terreno más íntimo: cómo quiere cada una vivir la experiencia de maternar.

Para Pamela, de 38 años, y Mariana, de 42, la decisión llegó después de varios tratamientos frustrados con óvulos propios de Mariana. La médica que las acompaña desde hace años, Liliana Blanco, les propuso invertir la lógica: que Pamela fuera la donante de óvulos y Mariana la gestante. “Siempre habíamos hablado de que, por la diferencia de edad, lo ideal era que yo tuviera el primer embarazo. Ya teníamos ese acuerdo entre nosotras, y la médica nos dijo que además era lo mejor médicamente”, contó Mariana mientras cebaba mate en la cocina. Esa primera transferencia funcionó y en 2021 nació Juana. Dos años más tarde dieron vuelta los roles: Pamela llevó adelante la gestación de Eva y otra vez todo se resolvió en el primer intento.

  • El método ROPA es una variante de la fecundación in vitro en la que los óvulos de una mujer de la pareja se fecundan con semen de un donante y el embrión se implanta en el útero de su compañera.
  • La elección de roles combina deseos personales con una evaluación médica de la edad, la reserva ovárica y la salud uterina de cada una.
  • Según la SAMeR, el uso de gametas donadas en tratamientos reproductivos viene creciendo en la Argentina en la última década y una proporción cada vez mayor corresponde a parejas de mujeres.
  • El procedimiento permite que las dos integrantes tengan un vínculo biológico directo con el bebé, una de las dos como gestante y la otra como progenitora genética.
“La gente me preguntaba si yo era la tía o la madrina. Tuve que aprender a explicar con paciencia que yo también era la mamá, la que había puesto los óvulos. Hoy ya no me cuestionan, pero al principio fue un aprendizaje para mí y para el entorno.””Pamela Visciarelli, vecina de Morón

Pasqualini aclaró que, aunque la técnica funciona bien, no siempre es la primera indicación. “Hay parejas que llegan derivadas de tratamientos previos con óvulos propios que no prosperaron y otras que la eligen desde el inicio para que las dos participen del proceso biológico”, describió. En cualquier caso, el camino incluye medicación hormonal para estimular los ovarios de quien dona los óvulos, un proceso de fecundación en el laboratorio y luego la preparación del endometrio de la receptora con estrógeno y progesterona hasta la transferencia embrionaria. El especialista agregó que, con óvulos de buena calidad y un endometrio receptivo, las tasas de éxito por transferencia se acercan a las de cualquier fecundación in vitro.

Volviendo a Morón, Pamela y Mariana coinciden en algo que excede lo médico: cada embarazo fue de las dos, aunque los papeles biológicos se repartieran. “Cuando Juana nació yo la sentí inmediatamente como mi hija, aunque la llevé en el cuerpo y ella, los óvulos. Y al revés con Eva”, dijo Mariana. La discusión que alguna vez imaginaron cómo una charla técnica terminó convertida, después de dos maternidades, en una decisión que se tomó en conjunto, que la medicina acompañó y que hoy les permite mirar a sus hijas y decir, sin explicar demasiado, que las dos son las mamás desde el primer instante.

SG

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