¿Y si la inteligencia artificial se nos va de las manos? Gates dice que puede pasar
El cofundador de Microsoft publicó un memorándum donde advierte que los modelos de IA ya avanzan más rápido que el debate público. Pidió que se sumen gobiernos, científicos sociales y organizaciones civiles antes de que sea tarde.
¿A vos te pasó de probar una IA y pensar "esto ya hace cosas que no esperaba"? Bueno, Bill Gates dice exactamente eso. Pero no se queda en el asombro: el cofundador de Microsoft acaba de publicar un memorándum donde avisa que la inteligencia artificial puede terminar haciendo más daño que bien si no aparece una regulación seria. Y cuando digo regulación, hablo de algo más que los acuerdos entre empresas como la IA, sigla que en criollo significa que las máquinas aprendan a pensar como nosotros, y los gobiernos: hablamos de reglas sociales, de consensos amplios, de debates donde no opinen únicamente los que viven del tema.
¿Qué es lo que preocupa a Gates?
Según Gates, el problema de fondo no es tecnológico sino político. O sea: mientras la IA da saltos cada seis meses, la conversación sobre cómo controlarla sigue encerrada en el mundillo tech, esos mismos que viven en San Francisco o Seattle y que, como diría un santafesino, "creen que el mundo empieza y termina en la pantalla". Para él, eso es un error grave.
“Me sorprende la falta de participación fuera de la industria en cuanto a los problemas que se plantearán y cómo evitar o minimizar los posibles efectos negativos de la IA.”Bill Gates
El empresario reconoció además que su postura cambió respecto a otros momentos donde se mostraba más optimista. Esta vez fue directo: existe la chance real de que los efectos negativos superen a los positivos si no se mueven las piezas adecuadas. Algo así como cuando en Rosario te dicen que va a llover y no llevás paraguas: la advertencia estaba ahí, pero hiciste oídos sordos.
¿Quiénes tienen que sentarse a la mesa?
Gates planteó que el debate no puede quedar en manos sólo de las empresas que fabrican los modelos ni de los pibes que escriben código a las tres de la mañana. Mencionó explícitamente a:
- Científicos de otras disciplinas, desde la educación hasta la psicología.
- Expertos en políticas públicas, esos que saben cómo armar reglas que se cumplan.
- Organismos estatales de distintos países.
- Organizaciones sociales y civiles que representen a la gente común.
La idea no es frenar la innovación, aclaró. Es identificar los problemas antes de que sean irreversibles. Algo parecido a cuando en el campo santafesino veés que el río crece: si esperás a que el agua te toque los tobillos, ya perdiste la cosecha. Gates dice que con la inteligencia artificial estamos en ese momento: todavía con los pies secos, pero con el agua cerca.
¿Y lo bueno? No todo es mala noticia
Aunque se mostró cauto, el cofundador de Microsoft no se olvidó del potencial enorme que tiene esta tecnología. Mencionó herramientas pensadas para ayudar a agricultores afectados por el cambio climático, o sea, laburantes de la tierra que en nuestra pampa sufren sequías cada vez más frecuentes, y también la chance de acelerar descubrimientos médicos en áreas como la malaria, una enfermedad que sigue matando cientos de miles de personas por año en África y Asia.
Lo que pide, en definitiva, es simple de decir y difícil de hacer: ampliar la mesa. Que la decisión sobre cómo se usa una tecnología que ya está cambiando el trabajo, la educación y la salud no quede en manos de cuatro gurús de Silicon Valley. Gates admite que no tiene todas las respuestas y que va a hacer falta un acuerdo global, algo que, si miramos cómo vienen funcionando los acuerdos internacionales por el clima, no es precisamente una tarea sencilla. Veremos.
