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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Yemas de Santa Teresa: la receta clásica de la repostería española que se sostiene en la paciencia del almíbar

Con apenas yema, agua, azúcar y piel de limón, este dulce centenario exige precisión en el punto de hebra fina y una cocción lenta de hasta media hora. Cómo conseguir las esferas rebozadas en azúcar glasé que acompañan el café de sobremesa.

Por Milagros CorreaAmbiente y ríos · · hace 1 d
Yemas de Santa Teresa: la receta clásica de la repostería española que se sostiene en la paciencia del almíbar

En la larga tradición de la repostería española, pocos dulces pueden presumir de una composición tan austera como las yemas de Santa Teresa. Cuatro, y ninguno superfluo: yema de huevo, agua, azúcar y piel de limón. Esa economía de ingredientes, sin embargo, no se traduce en una elaboración despreocupada, porque la receta pone a prueba la paciencia del cocinero en dos tramos decisivos, el almíbar a punto de hebra fina y la cocción final de la mezcla, que puede extenderse durante cerca de media hora.

El almíbar, primer punto crítico

La preparación arranca en un cazo a fuego medio, donde se reúnen el agua, el azúcar y la piel de limón. El objetivo es llevar la mezcla hasta los 105 grados, umbral que en repostería se identifica como punto de hebra fina. Quien trabaje sin termómetro debe retirar el almíbar antes de que adquiera coloración, porque cualquier exceso de cocción derivará en un caramelo que cambiará por completo la textura final del dulce.

Yemas coladas y cocción lenta

Mientras el almíbar avanza, las yemas se baten y se pasan por un colador fino para descartar grumos y conseguir una base homogénea. Cuando el jarabe está listo, se incorpora en hilo fino sobre las yemas sin dejar de batir con varillas metálicas, en un movimiento constante que garantiza la integración total de ambas preparaciones. Esa mezcla vuelve al fuego, ahora suave, y se cocina removiendo sin pausa hasta que espese y se despegue de las paredes del recipiente, un proceso que ronda los treinta minutos y que demanda presencia absoluta en la cocina.

  • Trabajar la masa fría con las manos apenas engrasadas con aceite vegetal para evitar que se pegue.
  • Porcionar bolitas pequeñas con cuidado, porque la textura es delicada y se rompe con facilidad.
  • Rebozar cada esfera en azúcar glasé y disponerlas en cápsulas de papel.
  • Conservar en la heladera hasta el momento de servir.

Servicio y variantes

El resultado es un bocado discreto, de tamaño pequeño, pensado para cerrar la sobremesa junto a un café o una infusión, a la manera de un petit four sin estridencias. La receta admite variaciones regionales que modifican proporciones, aromatizan la masa con canela o vainilla, o reemplazan la piel de limón por naranja, siempre que se respete la proporción entre yema y almíbar para conservar la textura final.

“La receta admite variaciones regionales que modifican proporciones, aromatizan la masa con canela o vainilla, o reemplazan la piel de limón por naranja.”Redacción de Milagros Correa, Ambiente y ríos
MC
Milagros CorreaAmbiente y ríos

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