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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ajustar la alarma no alcanza: reorganizar la noche es la otra mitad del cambio

Consejos de la Clínica Mayo y de la Organización Mundial de la Salud para empezar el día más temprano sin resignar horas de descanso. La constancia de horarios, la luz natural y los hábitos nocturnos aparecen como claves para que el cuerpo acompañe la decisión.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 25 d
Ajustar la alarma no alcanza: reorganizar la noche es la otra mitad del cambio

Son las seis y cuarto de la mañana en Lanús y todavía no salió el sol. En la cocina, mientras prepara el termo con mate cocido, Daniel, vecino de Remedios de Escalada, deja la ropa colgada en la percha y revisa la lista de pendientes del día: la auditoría en el estudio contable, el turno al médico, la clase de la nena. Lo que empezó como un intento por levantarse más temprano terminó, cuenta, obligándolo a repensar también la noche. Hoy se acuesta a las diez y media, casi sin pantallas y con el teléfono enchufado en el living. La diferencia, dice, se nota.

El planteo de Daniel resume una idea que repiten los especialistas: cuando el despertador suena más temprano, el cambio no empieza en la mañana, sino en la organización previa. Dejar la ropa lista, anticipar el desayuno y decidir las prioridades del día ayuda a reducir el cansancio de tomar decisiones apenas se abren los ojos. La Clínica Mayo, en una revisión sobre rutinas matutinas, sugiere además reservar un rato breve para una actividad simple, como leer unas páginas o dar una vuelta a la manzana, que funcione como motivación concreta para salir de la cama.

La constancia de horarios como columna vertebral

Una vez definido a qué hora se quiere despertar, el paso siguiente es calcular cuándo conviene acostarse para no perder horas de sueño. Las recomendaciones generales ubican el descanso necesario para la mayoría de las personas adultas entre siete y ocho horas por noche, aunque las necesidades individuales varían. La Clínica Mayo señala que mantener estables los horarios de acostarse y levantarse ayuda a regular los períodos de sueño y de vigilia, y que sostener esa regularidad también los fines de semana evita saltos bruscos respecto de los días laborales.

Cuando la diferencia entre el horario actual y el deseado es grande, la transición suele ser más llevadera si se hace de manera gradual. Adelantar la alarma quince o veinte minutos por día es una de las estrategias más difundidas, en parte porque el reloj biológico necesita tiempo para reacomodarse. En ese período, además, aparecen algunas trampas frecuentes: las siestas largas o tomadas demasiado cerca de la noche pueden dificultar el descanso posterior, y conviene evitar cenas abundantes, cafeína, nicotina y alcohol en las horas previas a dormir.

Luz natural y ambiente adecuado: dos aliados para el nuevo horario

  • Abrir las cortinas o buscar iluminación natural al levantarse ayuda a adelantar el reloj biológico, según las revisiones sobre ritmos circadianos consultadas por especialistas.
  • Reducir el uso de pantallas en la previa del descanso y mantener el dormitorio oscuro, silencioso y a temperatura agradable es una de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para favorecer la conciliación del sueño.
  • Realizar actividad física durante el día, sin necesidad de que sea intensa ni apenas uno se levanta, contribuye a dormir mejor por la noche.
  • Evitar siestas prolongadas o cercanas al horario de acostarse disminuye el riesgo de insomnio durante el período de adaptación.

La luz, explican los estudios sobre ritmos circadianos, funciona como una señal para el cuerpo: la exposición matinal tiende a adelantar el reloj interno, mientras que la luz del atardecer y de la noche puede retrasarlo. Por eso, abrir las ventanas al despertar o caminar hasta el trabajo con luz natural se vuelve un complemento del cambio de horario. De noche, en cambio, conviene atenuar el ambiente: bajar persianas, alejar el celular y dejar el cuarto preparado para dormir.

Si pese a sostener estos hábitos las dificultades para descansar continúan —despertares frecuentes, somnolencia diurna intensa o la sensación de no recuperar energía— la recomendación de los organismos de salud es consultar a un profesional. A veces, detrás de un horario que no se sostiene, hay un trastorno del sueño que requiere evaluación clínica. Daniel, en Lanús, lo aprendió después de varias semanas de prueba y error: hoy, dice, madrugar dejó de ser una pelea contra el cuerpo y pasó a ser, simplemente, una cuestión de hábito.

SG

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