Cafeína en la mochila: cuando el energizante de la tarde se vuelve un problema en el aula y en la cama
Especialistas de Yale detallaron cómo el consumo de cafeína entre adolescentes puede traducirse en insomnio, temblores y bajo rendimiento, y recomendaron revisar no solo el café sino también chicles, sobres y bebidas energéticas. Una guía práctica para conversar en casa y en la escuela sobre lo que se ingiere sin que muchos lo adviertan.
Lo que se presenta como una costumbre inocua, casi como un ritual de estudio o de videojuegos, se está volviendo un motivo de consulta cada vez más frecuente entre familias y pediatras. Cuando un adolescente llega a la mesa del desayuno con ojeras, se duerme en el colectivo, le tiemblan las manos o se muestra más ansioso de lo habitual, lo primero que suele aparecer es la sospecha de que algo no anda bien en las horas de sueño. Sin embargo, hay un actor silencioso que rara vez aparece en la conversación y que, según investigadoras de la Universidad de Yale, puede estar explicando buena parte de esos malestares: la cafeína que se cuela en mochilas, bolsillos y meriendas.
Señales que conviene no pasar por alto
Yo, que sigo estos temas de cerca desde hace años, rescato una idea que me parece clave: las dificultades para dormir, los temblores y el nerviosismo pueden ser señales para revisar cuánta cafeína consume un adolescente. La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, advirtió que un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad. Cuando esas manifestaciones aparecen junto con una caída del desempeño escolar, dijo, suele ser el momento indicado para sentarse a conversar en casa sobre los hábitos.
Mariela, vecina de Villa del Parque y mamá de dos chicos de 14 y 16 años, me confesaba esta semana algo que le resonó especialmente. Ella siempre pensó que el tema del café era de adultos. Sin embargo, al escuchar a las especialistas norteamericanas, reconoció que en su casa el problema no estaba tanto en la cafetera como en los sobrecitos saborizados que uno de sus hijos compra en el kiosco de la esquina, los que mezclan con agua y que parecen un jugo más. Sabhyata Agrawal puso números al asunto y explicó que esos sobres pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad.
Dónde se esconde la cafeína
- Café y mate en sus distintas versiones, incluyendo los mates listos para llevar y los energizantes con sabor a yerba.
- Bebidas energéticas y gaseosas de cola, que suelen pasar como una opción más de la merienda.
- Chocolate, sobre todo en barras, bombones y helados con alto contenido de cacao.
- Chicles y sobres saborizados con cafeína, que pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad.
- Suplementos y polvos que mezclan cafeína con vitaminas y se venden como aliados del estudio o del deporte.
Para reconocer cuánto se ingiere, no alcanza con contar las tazas de café. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y sobres saborizados, un detalle que suele pasar inadvertido en la mesa familiar. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explicó que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden favorecer que los jóvenes los prueben sin reparar en lo que están tomando. Ese fue exactamente el caso que me describió Mariela: su hijo ni siquiera lo registra como algo excitante, sino como una golosina más.
El horario pesa tanto como la cantidad
“La cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de tomarla. Entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de la cantidad ingerida.”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de la Universidad de Yale
A partir de ese dato, Agrawal aconsejó evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso. El problema se agrava porque, según las investigadoras, en la adolescencia el reloj biológico se desplaza hacia horarios más tardíos y les cuesta más levantarse temprano. Si el cansancio lleva a buscar un estimulante, el alivio es transitorio y puede retrasar nuevamente el sueño, con lo que al día siguiente el agotamiento vuelve a empujar al joven hacia la cafeína. Es un círculo que se retroalimenta.
Pantallas, videojuegos y noches sin freno
Otra de las investigadoras que advirtió sobre el tema es Jennifer Jiyun Park, del Departamento de Psiquiatría de Yale, que insistió en revisar las rutinas nocturnas. Park explicó que el consumo durante los videojuegos puede responder tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores. La luz de las pantallas, agregó, reduce la producción de melatonina y complica aún más la llegada del sueño, un combo que vuelve más difícil cortar la cadena de cansancio y estimulantes.
La recomendación de las especialistas es clara y, a mi entender, apunta a un cambio cultural antes que a una prohibición aislada: evitar la cafeína antes de los 18 años, excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes y recordar que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que los adultos. Las recomendaciones para adultos no deben trasladarse tal cual a los menores, insistieron Agrawal y Park, porque el cuerpo en formación metaboliza la cafeína de manera distinta.
Antes de despedirme, vuelvo a la escena con la que arranqué. Pienso en Mariela, en su cocina de Villa del Parque, ordenando los sobrecitos que juntó del cajón de su hijo mientras evalúa cómo plantear la conversación. Pienso en tantos otros hogares donde, sin dramatismos, se puede empezar por algo tan simple como leer juntos la etiqueta de lo que se lleva en la mochila, correr la última ingesta de cafeína a la mañana y aceitar las pantallas apagándose una hora antes. No se trata de asustar, sino de recuperar el sueño y, con él, la energía que un pibe de esa edad debería estar gastando en aprender, en jugar y en crecer.
