Carrie vuelve a sangrar, pero esta vez el daño también se viraliza
La novela de Stephen King regresa convertida en una serie de ocho episodios en Prime Video, con Mike Flanagan como showrunner y Summer H. Howell como protagonista. La adaptación incorpora el acoso digital y le da más aire a la relación entre Carrie y su madre.
Hay una imagen que se repite apenas arranca la serie y que a mí, como espectadora, me quedó dando vueltas: la puerta de un placard cerrándose desde afuera, con la luz del pasillo recortando la silueta de una nena adentro. Esa escena inicial, que es casi un opening visual, resume el clima de esta nueva Carrie que Prime Video acaba de estrenar completa: ocho episodios disponibles desde el 7 de octubre, una temporada que se permite tomar aire donde antes solo había zambullida, y un pulso muy distinto al de las películas que todos tenemos en la memoria.
Porque claro, cuando uno escucha "Carrie" piensa en el balde de sangre, en Sissy Spacek empapada de fiesta de graduación, en el chirrido de los créditos de Brian De Palma de 1976, o en la remake que rodó Kimberly Peirce en 2013 con Chloë Grace Moretz. Pero esta versión que llega ahora es otra cosa, y no porque reniegue de esos antecedentes sino porque se apoya en ellos para correr la cámara hacia otro costado: la infancia previa al estallido, la cocina donde Margaret reza en voz alta, el pasillo de la escuela que ya no termina en el aula sino que se mete en un living con wifi.
El bullying ahora se comparte, se captura y se viraliza
El motor de la historia sigue siendo el mismo que el de la novela publicada por Stephen King en 1974: una adolescente criada en el encierro doméstico que, después de perder a su padre, empieza a ir a una escuela pública y queda expuesta al hostigamiento de sus compañeros. La diferencia es que ahora el daño no se queda en el pasillo ni en el vestuario del gimnasio. Las agresiones se filman con celulares, se suben a estados de WhatsApp, se comentan en grupales y se viralizan. Y entonces Carrie no tiene a dónde esconderse, ni siquiera en su propia pieza.
Summer H. Howell, la actriz canadiense de 22 años que se quedó con el papel tras una búsqueda que reunió a más de 1500 postulantes, lo dijo con una lucidez que me parece clave: como no había leído el libro ni visto las versiones anteriores cuando le llegó la audición, decidió sostener esa distancia y no mirar atrás. Eso se nota en una interpretación que no carga con el peso de las Carrie previas y que, según sus propias palabras, buscó mostrar las ganas de la chica de descubrir el mundo y de vincularse con otros. Una intención casi de Coming of Age, si uno lo piensa.
Flanagan, la casa y la madre de Samuel
Detrás de cámara está Mike Flanagan, un nombre que a los seguidores de King les resultará familiar por sus pasadas adaptaciones El juego de Gerald y Doctor Sueño. Acá oficia de showrunner, guionista y productor ejecutivo, tarea que comparte con el propio King, y dirigió cuatro de los ocho episodios. La decisión más comentada de su libretismo tiene que ver con Margaret, la madre de Carrie, a quien da vida Samantha Sloyan con una intensidad contenida que a mí me dejó fascinada. La propia actriz contó que ese vínculo madre-hija fue el corazón del enfoque y que la cantidad de capítulos les permitió tomarse el tiempo de desarmar a cada una sin apuro.
Ese corrimiento del centro de gravedad es, para mí, lo más interesante de la propuesta. La serie no se apura a llegar al famoso "puedo mover cosas con la mente" sino que se queda en el rancho, en la cocina, en la frase bíblico-maldita susurrada al oído. Y cuando por fin llegan los poderes telequinéticos, el espectador ya recorrió un camino con la chica por los hombros que hace que la explosión final duela de otra manera.
Elenco y preguntas para hacerse en familia
- Siena Agudong interpreta a Sue Snell, la alumna popular que enreda con cada cruel chica hasta transformarse en aliada.
- Joel Oulette es Tommy Ross, el interés amoroso clásico de la novela, acá con más capas y menos estereotipo.
- Amber Midthunder se pone en la piel de la profesora de educación física Miss Desjardin, otro personaje al que la serie le permite crecer.
- El plantel actoral se completa con jóvenes rostros canadienses, varios de ellos con experiencia previa en rodajes de género.
Hay un costado de esta Carrie que a mí, como adulta y casi medio que la ve, me interpela de cerca. Howell lo dijo con honestidad en las entrevistas previas al estreno: la serie puede funcionar como una puerta para que las familias se sienten a hablar del uso del celular, de los estados que se publican, de las cosas que se comparten y de las que duelen después. No es un sermón, ni mucho menos: es un drama con poderes mentales que, justamente porque los protagonistas son chicas y chicos de hoy, abre preguntas que a los padres de esa franja de edad nos tocan de lleno.
¿Qué puede aportar el formato serie a esta historia, entonces? En un par le, paciencia. Ocho capítulos para dejarnos conocer a un mundo que antes se contaba en dos horas. Tiempo para que el acoso se despliegue por todos lados, también en redes. Espacio para que la madre deje de ser un monstruo unidimensional y se transforme en una señora rota a la que uno termina entendiéndola aunque no la comparta. Y, sobre todo, lugar para que Carrie, antes de prender fuego todo, tenga aunque sea un rato la posibilidad de probar ser una chica más.
