Cobro extra por leche deslactosada: la advertencia que sacudió a una cafetería de Neuquén y reavivó el debate sobre los precios en la mesa
Una consumidora pagó $1.500 adicionales por cada café con leche con leche deslactosada en un local de Juan B. Justo al 600. El director provincial de Protección al Consumidor, Pablo Tomasini, explicó en qué casos ese recargo es legal y por qué la mayoría de los comercios neuquinos no lo informa como corresponde.
El aroma a café recién molido se mezcla con el murmullo de las tazas contra las bandejas y, en una mañana cualquiera de esta semana, la rutina se rompe para una mujer que pide su café con leche con leche deslactosada en una cafetería de Juan B. Justo al 600, en la capital neuquina. Cuando la cuenta llega a la mesa, el papel lleva una sorpresa que nadie quiere encontrarse: $1.500 extra por cada taza, argumentando que el cambio de leche tiene un costo adicional. La mujer pregunta, el local confirma, y lo que empezó como un desayuno tranquilo termina en una consulta que terminó por sacudir a las autoridades de Protección al Consumidor de la provincia.
Yo me quedé pensando en cuántas veces nos pasó algo parecido y ni siquiera nos detuvimos a reclamarlo, cuántas veces pagamos la diferencia sin chistar porque asumimos que la leche deslactosada o la de almendras debe valer más, y porque nadie nos avisó antes de pedir. Esa sensación de que el precio cambia sobre la marcha es la que advierte el director provincial de Protección al Consumidor, Pablo Tomasini, en diálogo con este portal, y es la que vuelve a poner en el centro de la escena una discusión que parecía menor.
Lo que dice la ley y lo que muchos locales no cumplen
Tomasini lo explica con una frase que parece sencilla pero que, en la práctica, se incumple todo el tiempo: para que haya un cambio de valores de este tipo, el adicional tiene que estar indicado en la carta de manera visible y tiene que ser comunicado por quien toma el pedido, antes de que el cliente confirme su orden. La lógica es de sentido común: si la persona sabe de antemano que ese café con leche deslactosada cuesta $1.500 más, puede decidir si acepta el recargo, si pide el café con leche común o si directamente se levanta y se va a otro local. Enterarse del cargo recién al momento de pagar, con la tarjeta en la mano y la cuenta sobre la mesa, elimina esa posibilidad de elección y, para el organismo, vuelve al cobro en una zona gris.
“Para que haya un cambio de valores de este tipo tiene que estar claramente informado en la carta. Si te lo van a cobrar, tiene que estar claramente informado, no en el puntito abajo de la hoja de la carta que dice que te van a cobrar adicional.”Pablo Tomasini, director provincial de Protección al Consumidor
El funcionario, además, deslizó una opinión que muchos consumidores comparten pero pocas veces escuchan de un organismo oficial: en su visión, el costo de ofrecer una leche alternativa debería estar absorbido en el precio del café, porque se trata de un servicio adicional que el local decidió incorporar a su oferta. Ahora bien, la ley no prohíbe expresamente ese recargo, siempre y cuando la información sea transparente. Es decir: cobrar más no es ilegal en sí mismo; lo que es ilegal, o al menos sancionable, es cobrar más sin avisar.
Qué se puede hacer y qué no
Hay otro punto que Tomasini dejó en claro y que vale la pena anotar, porque derriba un mito muy instalado: no existe normativa alguna que obligue a los locales gastronómicos a ofrecer alternativas para personas con restricciones alimentarias, ya sea por intolerancia, por alergia o por una elección como el veganismo. Cada establecimiento decide qué productos ofrece y a qué precio, pero si los incluye en su menú, está obligado a informar correctamente su precio. La libertad es del local; la obligación, también.
Sobre el caso puntual de la cafetería de Juan B. Justo, Tomasini anticipó que el organismo probablemente se acercaría al local durante esta misma semana para explicarle al responsable cómo debe informarse un adicional de ese tipo, y aclaró que, hasta el momento, no había denuncia formal presentada por la consumidora. Si tras esa intervención la conducta se repite, el organismo puede avanzar con una sanción. Mientras tanto, la escena vuelve al presente, al ruido de la máquina de café y a esa taza que a veces sale más cara de lo que imaginamos, y la recomendación es la misma de siempre: leer la carta, preguntar antes de pedir y, si el recargo no estaba anunciado, exigir que se respete el derecho a elegir con toda la información sobre la mesa.
