Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Cuando la gripe se vuelve una urgencia: las señales que obligan a llamar al médico

La fiebre alta y el decaimiento pueden parecer parte del cuadro, pero ciertos síntomas marcan un punto de inflexión. Qué dijo un infectólogo consultado por Cleveland Clinic y por qué la consulta a tiempo puede cambiar el desenlace.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 26 d
Cuando la gripe se vuelve una urgencia: las señales que obligan a llamar al médico

En el consultorio de cualquier médico de cabecera de Buenos Aires, el timbre del teléfono suena varias veces al día con la misma consulta: "doctor, tengo gripe, ¿esto es normal?". Del otro lado, un paciente con fiebre, dolor de cuerpo y la nariz congestionada espera una respuesta que lo deje tranquilo. Pero no siempre la respuesta es la que uno quiere escuchar, y por eso conviene tener a mano una guía clara de las señales que indican que el cuadro dejó de ser un resfrío sin más.

Lejos de ser una enfermedad menor, la gripe puede derivar en complicaciones graves, desde neumonía hasta sepsis o problemas cardíacos, según explicó el infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por la clínica Cleveland Clinic. La advertencia cobra especial relevancia en esta época del año, cuando las guardias se llenan de cuadros respiratorios y muchas familias dudan entre quedarse en casa o salir corriendo a la consulta.

Las señales de alarma que no admiten espera

  • Dificultad para respirar o sensación de falta de aire.
  • Dolor o presión en el pecho.
  • Labios o uñas azulados, un signo de escasa oxigenación.
  • Confusión, desmayo o mareos intensos.
  • Vómitos reiterados o deshidratación severa.
  • En niños pequeños, respiración acelerada o llanto inconsolable.

"Sentirse mejor durante una gripe y empeorar de golpe es un motivo para consultar sin demora. Ese cambio puede indicar que apareció una infección secundaria, como una neumonía", advirtió Kotekal. La evolución del cuadro importa tanto como los síntomas del comienzo. Esa mejoría inicial que se interrumpe, ese día en que uno se levanta con la sensación de que el cuerpo retrocedió en lugar de avanzar, suele ser la pista más clara de que algo cambió para mal.

El esfuerzo que hace el organismo para enfrentar el virus puede abrir la puerta a complicaciones severas. La neumonía es la más habitual entre las potencialmente mortales: puede originarse por el avance del propio virus hacia los pulmones o por una infección bacteriana que aprovecha el debilitamiento de las defensas. También pueden aparecer sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que daña tejidos y órganos propios; reagudización del asma o de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica con insuficiencia respiratoria; y, en pacientes con enfermedades cardíacas previas, alteraciones del pulso y la presión arterial que pueden desembocar en un infarto o un accidente cerebrovascular.

Quiénes deben extremar los cuidados

La consulta temprana cobra especial importancia para quienes tienen diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, u obesidad. En personas con afecciones previas, el deterioro puede producirse en apenas 24 o 48 horas, un margen estrecho en el que la diferencia entre un susto y una tragedia a veces depende de llegar a tiempo a la guardia. También presentan mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo elimina: la gripe puede complicar a cualquiera, recordó el especialista.

En ese escenario, la prevención ocupa un lugar central. Kotekal insistió en la vacunación anual como la herramienta más eficaz para reducir el riesgo de cuadros graves, tanto para la influenza A como para la B, ya que ambos tipos pueden causar complicaciones serias. El virus no discrimina por edad ni por estado previo de salud, y por eso la inmunización se recomienda de manera amplia. En paralelo, los especialistas sugieren quedarse en casa ante los primeros síntomas, hidratarse, controlar la fiebre y, sobre todo, prestar atención a la evolución: si aparecen las señales de alarma, la consulta médica no debe esperar al turno del día siguiente. A veces, la decisión de llamar a la ambulancia a tiempo es la que marca la diferencia entre un mal trance y una convalecencia larga, algo que en el barrio de Belgrano conoce bien Mirta, una vecina de 58 años que el invierno pasado terminó internada diez días por una neumonía que arrancó como "una gripe común", según contó mientras esperaba su control en la sala de espera del centro de salud.

SG

Te puede interesar