El cuerpo avisa antes: descubren huellas en la sangre que se adelantan hasta diez años al diagnóstico de Crohn y colitis ulcerosa
Un equipo internacional rastreó anticuerpos en muestras guardadas durante años y encontró señales que aparecen mucho antes de que el paciente tenga el primer síntoma. La pista del virus de Epstein-Barr y de ciertas bacterias intestinales vuelve a poner en el centro de la escena a la respuesta inmunitaria.
Lo que cuento hoy viene de un laboratorio, pero empieza en una sala de espera. Imaginate la escena: una persona entra al consultorio con un dolor de panza que ya lleva meses, cansada, con diarrea que no se corta y con varios kilos menos en la balanza. El médico le pregunta desde cuándo y la respuesta suele ser la misma: no sé, hace rato. Esa escena, multiplicada por miles, es la que un equipo de investigadores decidió revisar hacia atrás, hacia el momento en que todavía no pasaba nada, para entender por qué la enfermedad inflamatoria intestinal llega cuando ya está instalada y no cuando empieza a gestarse.
El trabajo, publicado en la revista Gut y presentado en la reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología, se apoyó en 2.000 muestras de suero tomadas a lo largo de años a 500 personas: 200 que después desarrollaron enfermedad de Crohn, otras 200 que terminaron diagnosticadas con colitis ulcerosa y 100 que se mantuvieron sanas como grupo de comparación. La técnica que se usó se llama PhIP-Seq y permite rastrear anticuerpos contra 357.000 fragmentos de proteínas de bacterias, virus, alimentos y componentes del propio organismo, algo así como pasar una lupa gigante por el archivo de la memoria inmunitaria de cada paciente.
Qué encontraron mirando hacia atrás
En los futuros pacientes con Crohn, los investigadores vieron una presencia más alta de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr hasta una década antes del diagnóstico, junto con respuestas elevadas contra las flagelinas, esas proteínas con forma de látigo que están en la superficie de ciertas bacterias intestinales. La señal fue más fuerte en las personas que después tuvieron formas complicadas de la enfermedad o con compromiso del íleon terminal, la última porción del intestino delgado. En los futuros pacientes con colitis ulcerosa, el perfil fue distinto: anticuerpos contra microorganismos y virus mezclados con autoanticuerpos, entre ellos los dirigidos contra la proteína MADD, vinculada a procesos inflamatorios dentro de las propias células.
Los autores son cuidadosos y remarcan que estos datos no prueban que una infección cause la enfermedad. Lo que muestran es que ciertos cambios del sistema inmunitario ya están ahí, silenciosos, mucho antes de que aparezca el primer síntoma, y que Crohn y colitis ulcerosa, aunque comparten la etiqueta de enfermedad inflamatoria intestinal, parecen recorrer caminos inmunológicos diferentes. Para una médica o un médico de cabecera esto es una pista concreta, una manera de empezar a mirar la EII como un proceso largo y no como un switch que se prende de un día para el otro.
Lo que también llama la atención es que la variabilidad de los anticuerpos empezó a crecer cerca de cuatro años antes del diagnóstico en ambos grupos, lo que sugiere una reorganización del sistema inmunitario en una etapa muy temprana de la enfermedad, cuando todavía no hay dolor abdominal, ni diarrea crónica, ni pérdida de peso, ni fatiga, ni la batería de estudios que terminan con un nombre clínico pegado en la historia clínica. Eso es lo que vuelve al estudio relevante para la consulta del barrio: porque todo lo que sea anticipar la EII se pelea contra el reloj, ya que se trata de patologías que derivan con frecuencia en tratamientos prolongados, internaciones y cirugías, y porque cada año ganado al diagnóstico puede cambiar la calidad de vida de quien la transita. La línea de investigación queda abierta, todavía falta para tener un test predictivo en el consultorio, pero la idea de que el cuerpo avisa años antes ya quedó en papel.
