El otro Chiquito: cuando una risa se vuelve juicio
Florentino Fernández y Pepe Navarro repasan la pelea legal por Lucas Grijander en un documental que retrata al comediante español, su lenguaje y su huella en la televisión.
Me imagino la sala todavía a oscuras, el murmullo típico antes de que arranque un documental, y enseguida la pantalla llena con las muecasgestos, ese vocabulario despistado que cualquiera reconoce al toque. Eso es lo que propone El otro Chiquito, un filme que vuelve sobre la figura de Chiquito de la Calzada y, al mismo tiempo, sobre el conflicto judicial que sacudió a su personaje más famoso: Lucas Grijander.
La idea original lleva la firma de Diego San José, y desde ahí la película arma un doble recorrido: por un lado, la biografía del comediante español, con su ascenso en los escenarios y en la televisión; por el otro, la historia de Lucas Grijander, el personaje que Florentino Fernández interpretaba en Esta noche cruzamos el Mississippi y que tomaba como espejo el repertorio de gestos, palabras y movimientos del propio Chiquito.
De la imitación al estrado
Porque claro, lo que empezó como una imitación humorística terminó en los tribunales. Lucas Grijander no se quedó en el programa: el personaje tuvo merchandising, giras por España con el grupo Lucas y sus janders, y una presencia que, según el documental, puso en discusión dónde termina el homenaje y empieza el uso comercial de rasgos que el público identifica con un artista.
- Florentino Fernández y Pepe Navarro participan como voces centrales del relato.
- El documental incluye entrevistas a Ramón García, Manuel Jabois, Juan y Medio, Celia Villalobos y Mario Conde.
- La narración alterna testimonios con recreaciones y con un repaso por la carrera de Chiquito de la Calzada.
- El conflicto por Lucas Grijander aparece integrado en una historia más amplia sobre la identidad artística del comediante.
Un comediante contado desde sus gestos
A mí, lo que más me enganchó es que la película no se queda en el juicio: antes de meterse con el expediente, le dedica tiempo al recorrido de Chiquito, a su manera de contar chistes, a ese hablar como en cámara lenta que se volvió marca registrada. Ahí aparecen las entrevistas, los recuerdos de quienes compartieron escenarios y la mirada de gente del medio que lo vio crecer. Cuando finalmente llega el tramo del conflicto judicial, el espectador ya entiende por qué el personaje de Fernández podía generar tanta disputa: no era un chiste aislado, sino una construcción que tomó mucho de un humorista ya instalado en la memoria de la tele española.
Creo que ese es el gran acierto del documental: contar la pelea legal sin desligarla del recorrido que la hizo posible. Si te interesa el mundo del humor o te cruzaste alguna vez con esos gestos en la pantalla, vas a salir de la función con una sonrisa, con la sensación de haber conocido un poco más a Chiquito y, sobre todo, con una pregunta dando vueltas: qué pasa cuando la risa de otro se vuelve un negocio. Confieso que a mí, como espectadora argentina que creció viendo VHS con humor español, se me hizo inevitable sentirme cerca de una historia que habla, en el fondo, de cómo cuidamos a los que nos hacen reír.
