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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El truco detrás del llanto real de Drew Barrymore en la escena que cambió el terror para siempre

Wes Craven logró que la actriz llorara de verdad en la apertura de Scream recurriendo a un recuerdo íntimo y perturbador. La estrategia fue solo una pieza de una apuesta mayor que redefinió al género.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 4 d
El truco detrás del llanto real de Drew Barrymore en la escena que cambió el terror para siempre

La recuerdo como si la hubiera visto anoche: la pantalla a oscuras, el teléfono sonando en algún lugar de una casa vacía, y esa chica que atendía con la voz cada vez más temblorosa. Pocas secuencias de los años noventa me provocaron la misma sensación de estómago apretado que la apertura de Scream, esa conversación imposible entre Drew Barrymore y un asesino que todavía no habíamos visto. Y lo que descubrí hace poco terminó de arruinarme la idea de que todo había sido actuado: las lágrimas eran reales, y detrás de ellas había un truco de dirección tan pequeño como efectivo, casi una travesura de Wes Craven.

La historia que pocos conocen empieza la noche anterior al rodaje de esa escena fundacional del slasher moderno. La actriz llegó al set con una noticia atravesada en la cabeza: había leído sobre un dueño que quemó vivo a su perro. La crueldad del episodio la había dejado mal, y cuando se lo comentó al director, Craven entendió que tenía entre manos una herramienta mejor que cualquier coaching actoral. Durante la filmación, según reconstrucciones posteriores, se acercaba y le susurraba una sola frase, casi al oído: Estoy encendendo el mechero. La imagen volvía, el cuerpo de Barrymore reaccionaba, y lo que veíamos en pantalla era pena genuina, no interpretación.

Un set donde alguien gritaba sin que nadie entendiera bien por qué

La asistente de dirección de Craven en aquel rodaje, Julie Plec, dejó una descripción muy gráfica de lo que ocurría puertas adentro del set. Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: pero qué coño está pasando ahí dentro, contó. La sorpresa de Plec no era casual: para entonces Scream todavía no era el fenómeno cultural en el que se terminó convirtiendo, y la intensidad de Barrymore durante la secuencia llamaba la atención de cualquiera que pasara cerca del decorado.

“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en Scream

El marketing como parte del truco

Pero el llanto real era apenas una de las dos capas del golpe. La otra fue una decisión de marketing tan fría como eficaz: Dimension Films puso a Barrymore como cara absoluta de la campaña promocional, en afiches, avisos y avances, hasta convencer al público de que ella era la protagonista absoluta de la película. Matarla antes de los quince minutos fue, en los hechos, dinamitar esa expectativa en vivo.

  • La actriz aparecía como figura central en todos los materiales promocionales de Scream.
  • El público daba por hecho que era la protagonista y que nadie podía tocarla.
  • Su muerte temprana instaló la idea de que, en el slasher moderno, cualquiera podía morir.
  • La movida conectaba directamente con el precedente de Psicosis, de Alfred Hitchcock, donde la actriz principal también desaparecía en el primer acto.

El propio Richard Potter, por entonces director de desarrollo de Dimension Films, lo resumió con una frase que define toda la estrategia: Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muere al final de esa secuencia, pensás: cualquiera puede morir. La idea era esa: romper la regla no escrita del género y, de paso, dejar al espectador sin red.

A treinta años del estreno, la secuencia sigue siendo materia obligada de cualquier análisis sobre cómo se construye tensión y sorpresa al mismo tiempo, combinando guion, dirección y campaña de prensa en una misma jugada. Pero lo que más me sigue conmoviendo, ahora que conozco el detalle del mechero y del perro, es la parte humana del truco: Craven no le pidió a Barrymore que imaginara algo. Le devolvió, en el momento exacto, una imagen que ella ya no se podía sacar de la cabeza. Y esa es, me parece, la forma más vieja y más noble de hacer actuar a alguien: usar lo que de verdad le duele. Por eso, cada vez que alguien me dice que el cine de terror es puro cálculo, me acuerdo de esa escena, de ese susurro, y descreo.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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