La Albiceleste chocó contra el palo y el cero: la medalla de oro se define desde los doce pasos
Argentina y Paraguay igualaron 0 a 0 en una final con sabor a poco en Rosario. Jainikoski se comió el gol con el remate en el palo y la historia se resolverá por penales. Perú, mientras tanto, se subió al podio con el bronce.
A veces el fútbol te explica todo con un gesto. En el entretiempo del Marcelo Bielsa, el técnico argentino Diego Placente agarró la pizarra y movió las piezas: mandó a la cancha a Ramiro Tulián y a Franco Domínguez, dos pibes que tienen arranque y poca paciencia para los partidos trabados. La idea era clara, abrir la cancha y lastimar por los costados. Y funcionó, vaya si funcionó. Lo que no funcionó fue la suerte, ni los centímetros, ni esa cosa caprichosa que tiene la pelota cuando se niega a entrar.
Porque la Albiceleste lo perdió todo, menos el partido. La final de los Juegos Suramericanos frente a Paraguay terminó 0 a 0 en Rosario, y la medalla dorada quedó pendiente para la tanda de penales. Tulián se disfrazó de asistidor por la izquierda y le tiró un centro medida a Facundo Jainikoski, que definió cruzado y la mandó a dormir al costado del palo. Después, el mismo Jainikoski agarró la pelota cerca del área y le metió un derechazo que se estrelló contra el poste con un ruido seco que todavía debe estar resonando en el barrio de Arroyito. Una lástima: el pibe de Vélez tiene la mira calibrada, pero esta noche el arco le quedó chico.
Un segundo tiempo que tuvo de todo menos goles
El complemento fue un monólogo argentino con respuesta guaraní. Tulián y Domínguez se entendieron como si hubiesen jugado toda la vida juntos y armaron una jugada que terminó con un disparo afuera. Del otro lado, Paraguay se plantó con la receta de siempre: orden, sacrificio y alguna corrida por derecha. Pedro Zarza avanzó hasta el área y tiró la asistencia hacia atrás para Junior Gamarra, que le pegó de primera y encontró bien parado a Máximo Leguizamón. El uno de Lanús, clave en todo el torneo, se quedó con el balón sin problemas.
Y como en toda final que se estira, aparecieron las expulsiones. Thiago Fernández, que ya estaba amonestado, se fue a las duchas antes de tiempo por una segunda amarilla que dejó a Paraguay con diez. La Albiceleste fue con todo en el tramo final, empujó, buscó por arriba, por abajo, por los costados, pero el cero se mantuvo inamovible. Pitazo final, abrazo a medias y la historia se mudará a la definición por penales.
- Argentina arrancó el torneo con un triunfo ajustado 1-0 sobre Uruguay y un empate 1-1 con Venezuela que lo metió en semis por diferencia de gol.
- En semifinales, la Albiceleste dejó afuera a Perú con un gol de Santiago Espíndola cerca del cierre, el del desenlace agónico.
- Paraguay, que había ganado el duelo del Grupo B por 2-1, llegó a la final tras vencer 1-0 a Chile.
- Perú se quedó con la medalla de bronce al superar 2-1 a Chile en el partido previo.
Me acuerdo de ir a la cancha en los tiempos de la vieja Newell's de Gareca, cuando el cero en el resultado era casi una declaración de principios: partido chiquito, resultado grande. Esta noche en Rosario pasó algo parecido. Argentina fue más, mereció más, pero no pudo torcer el destino. Ahora vendrá la suerte de los penales, esa lotería caprichosa donde a veces gana el que patea mejor y otras veces gana el que se tira bien a la izquierda.
La mira puesta en la próxima cita
Lo que viene ya lo sabemos: la tanda de penales dirá quién se lleva el oro y quién se vuelve con la plateada. La Albiceleste tiene argumentos para soñar, un arquero como Leguizamón que ya se mostró sólido y una camada de pibes que se comieron la cancha en el complemento. Paraguay, mientras tanto, se encomendará al arquero Leonardo Sosa, que tapó lo poco que le llegaron y se erigió como figura. La definición promete. Y mientras tanto, los argentinos cruzamos los dedos y pedimos que esta vez la pelota no se vaya al palo.
