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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Luces de casamiento, acordes postergados: “Power Ballad” ya se puede ver en streaming

La película dirigida por Carney y protagonizada por Paul Rudd y Nick Jonas llega a HBO Max con una historia sobre música, autoría y expectativas que se cruzan entre un cantante de bodas y una estrella del pop.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 22 d
Luces de casamiento, acordes postergados: “Power Ballad” ya se puede ver en streaming

Las luces bajas de un salón de fiestas, las mesas todavía a medio armar y, en el escenario, un tipo con chaleco y corbata que canta “Brown Eyed Girl” mientras los mozos acomodan copas: así arranca esta película que ahora se puede ver en HBO Max. La escena funciona casi como una declaración de intenciones, porque todo “Power Ballad” —conocida en Hispanoamérica como “Letras robadas”— gira en torno a un músico al que la vida lo corrió del centro del escenario y lo mandó a los márgenes, a esos lugares donde el rock se vuelve oficio y el oficio se vuelve costumbre.

Dos músicos que se miran de costado

Paul Rudd interpreta a Rick, un cantante irlandés que en otro tiempo soñó con encabezar su propia banda y terminó cantando covers en casamientos por encargo. La película no se detiene mucho en aquel pasado glorioso que nunca fue: lo deja caer con datos sueltos —un nombre, un par de canciones, una referencia— y avanza hacia el presente. En ese presente aparece Danny, una figura del pop interpretada por Nick Jonas, a quien Rick conoce en uno de esos eventos. La diferencia de mundos es evidente, pero la química aparece rápido, sobre todo cuando se sientan a componer juntos.

La autoría como tema de fondo

  • Rick aporta letras y melodías desde su banco de canciones acumulado durante años.
  • Danny, con su estructura de estrella masiva, le da forma y producción.
  • Una de esas composiciones se convierte en un éxito radial sin el crédito correspondiente para Rick.
  • El conflicto expone una zona gris del negocio musical: la distancia entre quien crea y quien firma.

Ese punto —el crédito, el reconocimiento, la pregunta de quién quedó afuera cuando la canción empezó a sonar— es el que sostiene la película. La dirección de Carney, el mismo responsable de “Sing Street”, vuelve a apostar por un relato donde la música funciona como motor emocional pero también como campo de tensiones: lo que se sueña, lo que se concreta y lo que se pierde en el camino.

La duración, de algo más de hora y media, permite que la comedia respire sin estirarse de más. Rudd sostiene el personaje con esa presencia suya que mezcla cansancio y ternura, y Jonas se mueve cómodo en el papel del colega exitoso que, sin querer, termina modificando la vida del otro. La propuesta alterna situaciones de comedia, escenas musicales y momentos más íntimos sobre las expectativas que se van ajustando con los años.

A mí, lo que más me quedó de “Power Ballad” no es tanto el conflicto legal ni el enredo de la industria, sino esa imagen inicial del cantante de bodas afinando la guitarra mientras los novios todavía discuten la ubicación del ramo. Es una postal muy concreta de alguien que no dejó de tocar: simplemente lo hizo donde le tocó. Verla en streaming, después del paso por salas, le da una segunda vuelta interesante, especialmente para quienes se cruzaron con “Sing Street” y reconocen la mano del director. Y si me preguntan qué otras historias del mundo de la música me gustaría ver en cine, confieso que sueño con una sobre esos músicos sesentistas que hoy tocan en bares de hotel: hay una película entera ahí, solo esperando a que alguien la escriba.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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