Neuquén sale a disputar el mapa de la conectividad patagónica con un corredor vial de 700 kilómetros
La provincia apura nuevas rutas aéreas, la modernización del aeropuerto Presidente Perón y un ambicioso Camino de la Fe que unirá pasos internacionales con Chile y veinte lagos, en una estrategia que busca llegar al turismo con servicios ya instalados antes de que se terminen las obras.
El río de turistas que la provincia de Neuquén quiere atraer todavía no navega, pero el plan para encauzarlo empieza a tomar forma en lo más alto de la gestión: una agenda de conectividad que combina la modernización del aeropuerto Presidente Perón, la apertura de nuevas rutas aéreas hacia el interior del territorio y la pavimentación de un corredor turístico de setecientos kilómetros que, según lo proyectado, vinculará veinte localidades con veinte lagos y seis pasos internacionales con Chile. La apuesta oficial es que la hotelería, la gastronomía y el transporte estén en pie antes de que las máquinas asfaltadoras terminen su trabajo, una decisión que el gobierno de Rolando Figueroa presenta como una manera de evitar lo que históricamente ocurrió en la Patagonia: llegar antes que la infraestructura y quedarse esperando al visitante.
Un aeropuerto que quiere ser hub
El aeropuerto de la capital neuquina es la primera pieza del rompecabezas. Figueroa anunció que buscan incorporar cien millones de dólares para modernizar la terminal y que, desde allí, los viajeros puedan combinar avión, tren y colectivo sin salir del predio. La idea, según detallaron fuentes oficiales, es convocar a un concurso de diseño en los próximos días para levantar un hub integrado que incluya también una terminal de ómnibus y un hotel dentro del complejo. Se trata, en los papeles, de un giro de ciento ochenta grados respecto del modelo actual, pensado para un flujo moderado de pasajeros y no para la escala que la provincia imagina para los próximos años.
El contraste con la última gran crisis hídrica que golpeó a la región sirve como recordatorio obligado: en la inundación de 2003, cuando el Alto Valle quedó bajo el agua y la conectividad terrestre se cortó durante semanas, el aeropuerto fue la única vía de entrada y salida para cientos de neuquinos. Esa experiencia, señalan en el gobierno, dejó una lección que ahora se traduce en inversiones para que la terminal pueda operar como nodo multimodal aun en escenarios de emergencia.
Más alas, más destinos
En paralelo a la obra mayor en Neuquén capital, la provincia ya empezó a sumar frecuencias internas. En las últimas semanas comenzaron a operar vuelos hacia Chos Malal y hacia el aeropuerto de Chapelco, que fue remodelado para recibir mayor caudal de turistas. El próximo objetivo declarado es Villa Pehuenia-Moquehue, un destino conocido por su gastronomía mapuche y por el centro de esquí de Batea Mahuida, para el que se estudia la construcción de una terminal aérea nueva, aunque su ubicación exacta todavía no fue definida.
- Vuelos recientes hacia Chos Malal y Chapelco con aeropuerto remodelado.
- Estudio para una nueva terminal en Villa Pehuenia-Moquehue, aún sin ubicación confirmada.
- Plan para sumar destinos en el norte neuquino y completar la red de lagos.
El Camino de la Fe y la fibra óptica
El otro eje del plan es terrestre. Neuquén ejecuta actualmente mil cincuenta kilómetros de rutas pavimentadas y dentro de ese paquete se destaca el Camino de la Fe, un corredor de setecientos kilómetros que promete recorrer la provincia de norte a sur. Cuando esté terminado, según la información oficial, enlazará veinte localidades argentinas con veinte lagos de la región y conectará con seis pasos internacionales ya pavimentados hacia Chile. La infraestructura incluye, detalle no menor, tendido de fibra óptica a lo largo de cada kilómetro construido, lo que en la práctica convertirá a la traza en un backbone digital para las comunidades que hoy viven con conectividad deficiente.
Vecinos consultados en la costa de uno de los lagos del sur provincial, que suelen ver cómo las promesas de asfalto se postergan década tras década, recibieron la noticia con una mezcla de expectativa y cautela. Un poblador que desde hace cuarenta años vive a la vera del lago Huechulafquen recordó, en charla con este medio, que cada vez que se anuncia una ruta nueva aparecen las máquinas, se hacen los primeros kilómetros y después la obra se detiene. Esta vez, dijo, hay que esperar a ver si los plazos se cumplen de verdad o si volvemos a quedar a la vera del camino.
La estrategia turística neuquina tiene una lógica de anticipación que el gobierno defiende con énfasis: la intención es que los servicios de alojamiento, gastronomía y transporte estén instalados antes de que los tramos viales queden habilitados, de modo que el viajero encuentre la oferta lista desde el primer día. Las inversiones privadas vinculadas al sector se promueven en simultáneo con las obras, en una sincronización que en otras provincias rara vez se concreta y que aquí, por ahora, es más una declaración de intenciones que un hecho verificable.
Para quienes planean un viaje a la Patagonia neuquina, el panorama de conectividad promete cambiar en los próximos años: más destinos accesibles por avión, rutas que hoy son de tierra convirtiéndose en asfalto y un nodo de transporte multimodal en la capital. Lo que todavía no está resuelto, y aquí aparece el principal interrogante que sobrevuela toda la operación, es el calendario de obras y de qué manera se garantizará que las inversiones privadas lleguen al ritmo que la provincia necesita. La orilla del río Limay, que periódicamente recuerda con sus crecidas la vulnerabilidad de la región —la última gran inundación que grabó la memoria colectiva fue la de 2003—, sigue siendo un recordatorio de que en Patagonia las obras se anuncian, pero también se demoran. La provincia, por ahora, apuesta a que esta vez la historia sea distinta.
