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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Pergolini se disfrazó de hincha: la victoria de Boca que sacudió Otro Día Perdido

El conductor llevó la euforia xeneize al estudio, repasó la remontada contra Racing, explicó cómo funciona la Copa Argentina y se acordó de Francella para cerrar el festejo con una sonrisa.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 17 d
Pergolini se disfrazó de hincha: la victoria de Boca que sacudió Otro Día Perdido

Lo primero que se sintió al prender la tele este lunes fue el ruido de un estudio que todavía estaba festejando. Mario Pergolini entró a Otro Día Perdido con la sonrisa de quien se quedó despierto mirando el partido hasta el final y, lejos de guardarse la alegría, la transformó en un segmento entero dedicado a Boca y a una remontada que todavía le duraba en el cuerpo. La cámara lo mostraba distendido, casi como si estuviera reviviendo cada jugada mientras hablaba, y la energía se contagiaba apenas cruzaba palabra con Evelyn Botto, con Agustín "Rada" Aristarán o con el público que lo miraba desde el piso.

Porque el contexto importa: Pergolini no se apareció en la pantalla para dar un informe deportivo. Su antecedente más claro en la conducción de programas de entretenimiento, desde Caiga Quien Caiga hasta sus proyectos más recientes en radio y streaming, siempre tuvo esa costumbre de mezclar la actualidad con el humor y con la vida cotidiana de los argentinos. Y el fútbol, claro, es parte de esa vida cotidiana. Esta vez, el conductor eligió dejar que esa pasión se filtrara sin filtro, con la espontaneidad que lo caracteriza, antes de entrar de lleno en la conversación que ya tenía agendada con sus compañeros.

Una clase exprés sobre la Copa Argentina

Uno de los momentos más simpáticos del bloque fue cuando Pergolini se detuvo para explicarle a Rada Aristarán cómo está armada la Copa Argentina. Le contó, con esa paciencia didáctica que suele usar cuando quiere que el oyente realmente entienda, que se trata de un torneo que nuclea a equipos de distintas categorías y de distintas divisiones del fútbol argentino, y que los cruces se definen por eliminación directa, partido único. A partir de ahí arrancó el juego: el conductor se permitió bromear sobre las sorpresas que suelen dar los clubes más chicos cuando se enfrentan a rivales de mayor fuste, y hasta deslizó la idea de que en ese formato nunca se sabe que puede pasar. Fue una mini clase con tono de charla de café, de esas que se dan entre amigos cuando uno entiende un poco más que el otro.

La participación de Evelyn Botto funcionó como el motor del segmento. Ella fue la que llevó a Pergolini a admitir, casi sin querer, cuál era el verdadero motivo de su buen humor. Aunque el público lo recibió con aplausos y ovaciones apenas se sentó en su lugar, el conductor intentó postergar la referencia al partido y arrancó hablando del show que Lali había dado en el Monumental. Recién cuando su compañera le preguntó de manera directa por Boca, terminó por soltar la carcajada y confirmar lo que todos ya sospechaban: la remontada de la noche anterior le había cambiado el semblante.

El relato del partido: de la preocupación al delirio

Cuando finalmente se largó a contar lo que había vivido como hincha, Pergolini eligió empezar por el escenario más oscuro. "Perdíamos dos a cero, todo mal, todos nos sentíamos mal", arrancó, con la cara de quien todavía estaba procesando el golpe inicial que le había dado el resultado. Pero a partir de ahí el relato se fue transformando. Describió los goles con los que, en su narración, Boca pasó de la desventaja al triunfo por 3 a 2, y lo hizo con el mismo énfasis con el que se cuenta una final: cada conquista como si fuera un acto, cada cambio de estado emocional como si fuera un giro de la trama. Evelyn Botto intervino para completar el resultado mientras él acompañaba el relato con expresiones de entusiasmo que delataban que todavía no había bajado de la montaña rusa.

Las bromas hacia Racing fueron la otra columna del segmento. "Si hay alguien de Racing, váyase ya, hágame caso", lanzó Pergolini a quienes estaban en el estudio, en un tono que iba mitad en serio, mitad en chanza, y que arrancó risas y alguna que otra queja cariñosa del público presente. Para el cierre, el conductor eligió una referencia que los propios hinchas de Boca van a reconocer de inmediato: la expresión "hermosa mañana", la muletilla que Guillermo Francella inmortalizó como personaje y que los simpatizantes xeneizes usan para celebrar cada victoria del club. Fue una manera de cerrar el cuadro con humor, con pertenencia y con un guiño a la cultura popular argentina que atraviesa a varias generaciones.

Una pregunta que queda flotando en el aire

  • ¿Qué lugar ocupan hoy los festejos futboleros en los programas de entretenimiento que no son estrictamente deportivos?
  • ¿Se trata de un recurso para ganar complicidad con la audiencia o de una expresión genuina de quien conduce?
  • ¿Hasta qué punto un conductor puede mostrarse como hincha sin que eso le juegue en contra con una parte de la platea?

El segmento terminó entre risas, abrazos y un saludo a la audiencia que todavía seguía celebrating. Pero me quedé pensando en algo que, creo, vale la pena poner sobre la mesa: cuando un conductor con la trayectoria de Pergolini decide bajar la coraza y mostrarse como lo que es, un hincha más que se come los partidos hasta el final y que al otro día no puede evitar contarlo, está haciendo algo que en la televisión argentina se ve cada vez menos. No es sólo fútbol: es humanidad compartida, es el permiso para reírse de uno mismo y, sobre todo, es la confirmación de que, en este oficio de contar historias, la mejor manera de conectar con el público sigue siendo contar lo que a uno le pasa de verdad.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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