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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Rubén Rada y el arte de mirar hacia adelante: sus palabras sobre los músicos jóvenes que hoy resuenan como legado

El músico uruguayo dejó una serie de reflexiones sobre el recambio generacional, celebró a Tini, Trueno, Wos y Catriel y advirtió a quienes empiezan que la única forma de sostener una carrera es seguir evolucionando. Un repaso por su mirada sobre el presente de la música popular.

Por Antonella FerrerCultura y espectáculos · · hace 50 d
Rubén Rada y el arte de mirar hacia adelante: sus palabras sobre los músicos jóvenes que hoy resuenan como legado

La luz de la sala todavía parece encendida, como si el escenario de Montevideo no terminara de apagarse del todo. Rubén Rada se fue y, con él, una manera muy suya de habitar la música: la de un artista que nunca se quedó quieto y que, en los últimos años, eligió mirar hacia los pibes que estaban rearmando el mapa sonoro rioplatense. Sus palabras sobre los músicos jóvenes no fueron un comentario al pasar: quedaron flotando en el aire como una especie de herencia que hoy, con su muerte, se lee de otra manera.

Ya desde sus últimas intervenciones públicas, Rada había trazado un mapa de afinidades con figuras que, en teoría, parecían vivir en otro universo. Lo hizo sin soberbia y sin esa melancolía tan habitual entre los artistas consagrados. Al contrario: se acercó al presente con curiosidad genuina y con el oído abierto.

Una generación nueva que, según Rada, está rompiendo

  • Tini, a quien mencionó como una de las voces más potentes del momento.
  • Trueno y Wos, dos nombres que para él representan la frescura del rap y del nuevo pop argentino.
  • Conociendo Rusia, Nafta y Catriel, parte de ese abanico que el uruguayo celebraba con entusiasmo.
  • Ricardo Mollo y El Plan de la Mariposa, músicos con los que mantenía un vínculo cercano cada vez que visitaba Montevideo.
“Tini, Trueno, Wos y una cantidad de artistas nuevos que están rompiendo, Conociendo Rusia. Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho.”Rubén Rada

Esa declaración no era un gesto marketinero ni un guiño simpático para quedar bien con el público más joven. Era la traducción de una convicción que Rada repitió hasta el final de sus días: no hay tiempo pasado mejor que el actual. Cada generación tiene sus propios códigos y, según su mirada, los artistas que están surgiendo merecen el mismo respeto que él supo construir con los suyos.

“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada

Para graficar su propia capacidad de aggiornarse, el músico contó una anécdota que se volvió ineludible. Grabó una canción con un artista de rap que acumuló quince millones de reproducciones. Cuando les contó a sus nietos, la reacción fue tan categórica como graciosa: recién ahí le dijeron que se había ido para arriba. Esa pulseada entre el oído veterano y el oído nuevo fue, para Rada, una confirmación de que la música se lee mejor cuando uno acepta que las reglas cambiaron.

Junto con el reconocimiento, sin embargo, llegó la advertencia. Rada no era de los que endulzan los oídos: sabía que el escenario actual exige mucho más que un debut auspicioso. A quienes recién empiezan les dejó un mensaje directo, casi paternal, que hoy se lee como una brújula para toda una camada de artistas.

“Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree.”Rubén Rada

El propio Rada revisó su trayectoria con una honestidad que desarma. Reconoció que, a diferencia de otros colegas de la región, él nunca terminó de ser una figura de masas. Y lo dijo sin amargura, casi con la tranquilidad de quien acepta su lugar en el mundo.

“Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público.”Rubén Rada

Esa frase, que en otra boca podría sonar a queja, en la suya funcionaba como una constatación serena: la de alguien que construyó su carrera más desde la admiración de los pares que desde el fervor masivo. Una rareza en la industria y, al mismo tiempo, una forma de legitimidad que muchos músicos envidian en voz baja.

A mí, como oyente y como cronista, lo que más me queda de Rubén Rada no es únicamente su cancionero ni su voz inconfundible. Es esta idea, que él repitió hasta el cansancio, de que la música se trata de no detenerse nunca. De entender que el escenario cambia, que los pibes que recién llegan merecen ser mirados con la misma seriedad con la que uno quiere ser mirado, y de aceptar que la única forma de sostenerse en el tiempo es seguir evolucionando. En un presente tan acelerado, tan obsesionado con revivir viejas glorias, su palabra suena casi como una provocación amable. Y, ahora que ya no está, se vuelve, definitivamente, un legado.

AF
Antonella FerrerCultura y espectáculos

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