Se apagó la voz de la mañana: a los 74 años, se fue Oscar el Negro González Oro desde Punta del Este
El periodista y conductor dejó la radio diaria en 2021, después de 35 años de carrera y quince al frente de El oro y el moro. Murió en Uruguay, donde se había radicado en 2020. Sus años en la AM, sus últimas palabras y los motivos de su despedida.
Imaginate entrar a un estudio a las siete de la mañana y encontrarte con esa vozarrón inconfundible, la del Negro González Oro, que iba acomodando el termómetro del día con una frase y un gesto. Esa sensación, la de la radio como una compañía inseparable para miles de argentinos, se apagó este viernes 25 de septiembre con la noticia de su muerte en Punta del Este, a los 74 años. Lo confirmó su entorno más cercano y lo replicaron enseguida colegas y oyentes que no podían creer la noticia.
Treinta y cinco años frente al micrófono
El Negro había nacido con una vocación de oficiante de las mañanas. En su haber había un ciclo decisivo: El oro y el moro, que condujo durante quince años y que durante una década lideró la audiencia de la radio AM, ese segmento durísimo donde se mide la temperatura social del país antes de que arranque la jornada. A ese recorrido se sumaban otros programas y una presencia constante en distintos formatos, siempre con ese tono cercano, de confesionario amable, que lo convirtió en un ritual de bolsillo para generaciones de oyentes.
Su despedida de la conducción diaria llegó el 2 de abril de 2021, al cumplir 35 años de carrera. En aquella última emisión hubo recuerdos, mensajes de familiares, de compañeros de trabajo y del público que lo había acompañado a lo largo de décadas. Lo hizo desde Uruguay, ya radicado en Punta del Este, y cerró con una frase que resumía su vínculo con la audiencia: «Me han hecho muy feliz».
La decisión de irse a vivir a Uruguay
La mudanza no fue un capricho de último momento. Días antes de aquel último programa, el propio González Oro había explicado que quería disponer de más tiempo para sus hijos, y que la decisión ya estaba tomada desde hacía rato. Había dejado su casa de San Isidro, había tramitado la residencia uruguaya y se había instalado en Punta del Este, donde también conservó un círculo de amigos con los que seguía compartiendo cenas y conversaciones.
Entre los motivos que mencionó mencionó la cuarentena, la muerte de varios amigos y el desgaste que le producía escuchar a diario los problemas de sus oyentes. Algo de todo eso, probablemente, lo empujó a buscar otro ritmo sin perder del todo el oficio. Porque la radicación en Uruguay no fue una jubilación encubierta: desde su casa en Punta del Este siguió haciendo entrevistas y tuvo participaciones ocasionales en radio y televisión, además de mantener el contacto con el público a través de sus redes sociales, donde compartía recuerdos y reflexiones.
El último tramo, entre Punta del Este y Buenos Aires
La periodista Denise Pessana lo había visto un mes antes de su muerte, en una cena compartida en Uruguay. Lo recordó como un hombre de gran cultura, capaz de disparar anécdotas con esa puntualidad de cronista viejo, aunque reconoció que lo había visto frágil. Esa imagen, la de un anfitrión que ya no tenía la energía de otros tiempos, terminó siendo una de las últimas que circularon en los mensajes de despedida que se multiplicaron este viernes.
Su carrera quedó ligada especialmente a la conducción radial y a los años de contacto diario con la audiencia, un lazo que trascendió generaciones y que fue construyendo con paciencia de artesano. A esa referencia inevitable, El oro y el moro, se le suman otras etapas y otros programas que formaron parte del recorrido.
- Falleció el viernes 25 de septiembre, a los 74 años, en Punta del Este.
- Vivía en Uruguay desde 2020, cuando dejó su casa de San Isidro.
- Condujo El oro y el moro durante 15 años y lideró la audiencia de la AM durante una década.
- Dejó la conducción diaria el 2 de abril de 2021, tras 35 años de carrera.
- En sus últimos años mantuvo entrevistas y participaciones ocasionales en radio y televisión desde Uruguay.
Yo lo escuché de chico, yendo al colegio con el aparato pegado a la oreja, y confieso que hoy, mientras escribo esta nota, todavía me parece raro que la mañana arranque sin la posibilidad de que él diga algo que ordene un poco el día. Más allá de cualquier discusión sobre líneas editoriales o sobre las cosas que se le cuestionaron en los últimos tiempos, lo que queda es lo irrepetible: un comunicador popular que entendía que la radio no era un atril sino una mesa larga, y que a esa mesa estaban invitados todos. Se fue el Negro, y con él una manera muy argentina de empezar el día.
