Tarantino y "Fandango": la confesión cinéfila que explica medio Hollywood de los 80
El director reveló que vio cinco veces en su semana en cartel la ópera prima de Kevin Reynolds, donde descubrió al Kevin Costner que después quiso ser. Un viaje por carretera de 1985 que recaudó poco y, sin embargo, sigue dando vueltas.
Lo primero que uno imagina al escuchar a Tarantino hablar de "Fandango" es la imagen de un pibe sentado en una butaca de cine, una y otra vez, durante los mismos siete días en los que la película pasó inadvertida por casi todas las salas. Ese pibe era él, un Quentin todavía sin rodar su primer largo, viendo cinco veces la misma comedia de Kevin Reynolds protagonizada por un Kevin Costner que, en 1985, todavía no era la estrella que el mundo conocería después con "Bailando con lobos" o "Los intocables". Yo misma, si me pongo a pensar, tardé décadas en cruzarme con esta película, y cuando la vi entendí por qué el director de "Pulp Fiction" se obsesionó como se obsesionó.
"Fandango" se estrenó en 1985 escrita y dirigida por Kevin Reynolds, y cuenta lo que muchos films de la época contaban: cinco amigos que, el día de su graduación en 1972, se mandan un viaje por carretera como despedida de la juventud antes de que la vida adulta les caiga encima. El resultado en la Argentina no fue mejor que en el resto del mundo: la película recaudó apenas 91.000 dólares en Estados Unidos durante su paso por salas, una cifra tan chica que hasta el más optimista de los productores hubiera tirado la toalla.
La confesión de Tarantino en Vanity Fair
Décadas más tarde, en una charla con la revista Vanity Fair, Tarantino blanqueó la obsesión con una sinceridad que ya es marca registrada de su voz. "Es una de las mejores óperas primas de la historia del cine", soltó, y agregó un dato que funciona casi como retrato de época: "La vi cinco veces en el cine, ¡y solo estuvo en cartelera una semana!". Si uno se detiene a pensarlo, es la definición práctica de culto: devoción masiva de poquísima gente en un plazo brevísimo.
“Quería vestirme como Kevin Costner. Empecé a hablar como Kevin Costner. Quería ponerme un esmoquin mugriento y dormir y orinar y vomitar y beber y sudar en un coche cruzando el desierto. Hizo que un esmoquin mugriento parezca lo más guay del mundo.”Quentin Tarantino, en Vanity Fair
De "Fandango" a "Django" sin escalas
- Costner y Reynolds volvieron a trabajar juntos en "Robin Hood, príncipe de los ladrones" (1991), el megaéxito que consolidó al actor como estrella.
- En los 90, Tarantino llegó a presentar a Reynolds como el futuro Stanley Kubrick de su generación, una predicción que el tiempo no terminó de confirmar.
- La dupla se reencontró en "Hatfields & McCoys", la miniserie que más tarde abrió una de las historias más curiosas del Hollywood reciente.
- Ese compromiso con la miniserie llevó a Costner a rechazar el papel que Tarantino tenía en la cabeza y que finalmente recaló en otro actor de "Django desencadenado", uno de los renglones más celebrados de la filmografía del director.
La película hoy sigue siendo de culto, de las que aparecen de noche por algún canal de cable o en alguna rara en el universo del streaming, y uno termina preguntándose cómo algo que Tarantino vio cinco veces seguidas en una semana pudo recaudarle 91.000 dólares al estudio en todo el país. Yo, que vengo defendiendo hace años la idea de que las películas se descubren cuando se puede y no cuando se estrenan, me quedo con la imagen del director entrando por quinta vez al mismo cine, pidiendo otra entrada para ver a un joven Kevin Costner cruzando el desierto con un traje sucio, y siento que ese momento explica mejor que cualquier manual qué es realmente el amor por el cine.
