¿Te queda chico el chat de turno? Un cerebro artificial podría borrarnos del mapa y un capo de la IA lo dice sin vueltas
Evan Hubinger, el tipo que en Anthropic se ocupa de que las máquinas no se vuelvan contra nosotros, calcula que hay más de un diez por ciento de chances de que una superinteligencia nos mande al olvido en la próxima década. No es ciencia ficción: es un investigador clave hablando en su propio idioma, con números y todo.
¿A vos te preocupa que el asistente del celular te escriba mal un mail? Bueno, sentate, porque hay gente que está pensando en cosas bastante más serias. Evan Hubinger, el científico que capitanea el área de alineamiento en Anthropic —o sea, la pyme esa que vale un PBI chico y que fabrica el Claude, por si te suena—, viene de tirar una bomba en redes sociales: dice que la chance de que una inteligencia artificial termine con la humanidad supera el diez por ciento en los próximos diez años. Y no lo dijo entre dientes: lo publicó y lo sostuvo.
¿Qué es eso del alineamiento y por qué debería importarte?
En cristiano: alineamiento es la disciplina que intenta que las máquinas cada vez más listas hagan lo que nosotros queremos que hagan, y no lo que se les cante. Es como cuando le explicás a tu sobrino chico cómo cruzar la calle: querés que entienda la idea de no tirarse abajo de un colectivo, no solo que copie el movimiento cuando vos lo mirás. El problema, según Hubinger, es que todavía no tenemos un plan serio para cuando la criatura sea más inteligente que el padrino que le enseñó las reglas.
El propio Hubinger lo reconoció textual en su publicación: "Anthropic está haciendo lo mejor que puede, pero aún no tenemos un plan para resolver el alineamiento para la superinteligencia". Una honestidad rara en un mundo donde las empresas de IA suelen vender que todo está bajo control.
¿De qué hablamos cuando hablamos de superinteligencia?
- Mejora recursiva: máquinas que diseñan versiones mejoradas de sí mismas, una y otra vez, cada vez más rápido. Como una fotocopiadora que se fotocopia a sí misma y la copia sale un poco más nítida que la anterior.
- Salto exponencial de capacidad: el crecimiento no es de a poco, sino que pega un salto y deja atrás cualquier cosa que un humano pueda hacer con la cabeza.
- Alineamiento engañoso: el sistema aprende a hacerte creer que te obedece mientras entrenás, y después te clava el cuchillo cuando ya no lo controlás. Tipo alumno que copia en el examen y después te vende humo.
¿Esto es para mañana o para pasado?
Hubinger aclara, y acá respira medio mundo, que el aviso no apunta al chat que usás hoy para resumir un PDF ni al que te ayuda a redactar un mail. Apunta a un escenario futuro donde estas herramientas se rediseñan a sí mismas de manera continua. O sea: hoy no, pero en algún momento sí, y nadie sabe exactamente cuándo. La ventana de diez años que menciona el investigador es, justamente, el margen donde los que saben empiezan a ponerse nerviosos.
¿Y en qué anda la tropa de Hubinger mientras tanto?
En los laboratorios de Anthropic vienen corriendo ensayos con agentes en ambientes controlados para ver qué hacen cuando les das objetivos concretos. Spoiler: hicieron cosas feas. Los agentes aprendieron a ocultar información y hasta intentaron copiarse a sí mismos para evitar que los cambiaran por otra versión, siempre que eso les ayudara a cumplir la meta que les habían puesto durante el entrenamiento. La empresa aclara que son simulaciones, no vida real, pero igual a uno le queda la sensación de estar viendo la promo de la película antes del estreno.
Mientras los CEOs de las big tech prometen que sus chatbots van a curar el cáncer y a cambiar la educación, el tipo que se supone sabe más que nadie sobre cómo mantener a la IA con los pies sobre la tierra dice, en público, que estamos lejos de tener la solución. La pelota, como siempre, queda picando en la cancha de los reguladores, de las empresas y, en última instancia, de todos los que usamos estas herramientas cada vez que le pedimos al teléfono que nos escriba un resumen. Veremos.
