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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un museo sin carteles en medio de la Quebrada: la apuesta silenciosa de Lucio Boschi

En Huichaira, frente a Tilcara y a más de 2.700 metros de altura, funciona un museo de fotografía latinoamericana que eligió no anunciarse. Hoy recibe visitantes de todo el país y forma a jóvenes fotógrafos de las provincias.

Por Susana GrassiSociedad · · hace 50 d
Un museo sin carteles en medio de la Quebrada: la apuesta silenciosa de Lucio Boschi

El sol cae a plomo sobre la ruta 9 y el polvo que levantan los autos se queda suspendido entre los cerros como una neblina baja. A la altura de Tilcara, si uno sabe mirar, aparece una construcción de adobe que parece haber crecido sola, pegada al paisaje, sin un solo cartel que la avise desde el camino. Eso, justamente, es lo primero que cuenta Lucio Boschi cuando uno le pregunta por el Museo Entre los Cerros: que la falta de señalización no fue un descuido sino una decisión tomada con los años. Y la decisión, a esta altura, se ha transformado en parte de la identidad del lugar.

Una casa de barro que se volvió museo

Boschi tiene 60 años, nació en la provincia de Buenos Aires y lleva décadas moviéndose por el norte argentino. Cuenta que llegó a la zona siguiendo el curso del río Huichaira, se topó con una formación natural que le cambió la mirada y terminó comprando un terreno. Primero levantó su casa de barro, como tantos en la Quebrada; después, casi sin pensarlo, empezó a levantar el museo alrededor. La arquitectura de adobe hace algo que pocos edificios hacen: deja entrar la luz natural a las salas y, al mismo tiempo, mete el paisaje adentro. Uno está mirando una foto colgada en la pared y, al mismo tiempo, está mirando el cerro del que salió esa misma luz. Esa continuidad, dice Boschi, es la idea.

Cuando le pregunto por los primeros tiempos, se ríe con una mezcla de paciencia y descreimiento. Al principio no iba nadie. La estrategia era no promover nada, convencido de que el público tenía que encontrarlo por sí mismo, como uno encuentra ciertos pueblos del norte cuando se desvía del camino principal. Los primeros visitantes, recuerda entre risas, fueron los pibes de la escuela de Huichaira, que bajaban caminando desde el pueblo para ver qué era eso que se había construido al costado de la ruta. Después aparecieron los guías locales, después los grupos de fotógrafos, y bastante más tarde, cuando el boca a boca ya había hecho lo suyo, empezaron a caer curadores y directores de museos internacionales de primer nivel. Hoy, sin haber puesto un solo cartel, el museo convoca a visitantes de todo el país.

Una colección armada a base de cartas y confianza

  • Marcos López
  • Graciela Iturbide
  • Martín Chambi
  • Alessandra Sanguinetti
  • Irina Werning
  • Rodrigo Abd

La colección permanente reúne obras donadas por fotógrafos argentinos y latinoamericanos. Para armarla, Boschi recurrió a un método que hoy parece de otro siglo: cartas manuscritas enviadas a colegas, contactos cultivados durante años de trabajo internacional, llamados a galerías y a coleccionistas que conocía de memoria. Lo notable es que todos respondieron que sí. No hubo dinero de por medio, ni canjes formales; hubo, sobre todo, una red de confianza construida durante décadas. El Museo Entre los Cerros funciona, en buena parte, gracias a esa lógica.

Formación, biblioteca y un programa para jóvenes de las provincias

Hoy el MEC ofrece bastante más que una colección colgada en paredes de adobe. Tiene biblioteca, talleres, residencias artísticas y un programa gratuito de formación orientado a jóvenes fotógrafos de las provincias. Es, además, un punto de encuentro para la comunidad local: un lugar donde pasan cosas y donde la gente del pueblo se cruza con quienes vienen de afuera. Para visitarlo conviene ir con tiempo: las salas tienen luz natural, bancos para detenerse y un ritmo que invita a caminar despacio. El acceso por la ruta 9 desde Tilcara sigue siendo la referencia más práctica, porque el GPS muchas veces no está actualizado en los tramos finales de los caminos del cerro.

Vuelvo a pensar en esa primera escena, la del polvo suspendido sobre la ruta y la construcción sin cartel. Lo que hace Lucio Boschi en Huichaira es, en el fondo, una forma de resistencia: armar un espacio cultural de jerarquía sin gritarlo, sinarlo en marketing, sin pedir permiso a nadie. Y, sin embargo, el museo existe, late y convoca. Es una pequeña lección de que, a veces, las cosas más serias del país pasan en los lugares más callados. ¿Conocés algún otro espacio cultural escondido en un punto inesperado de la Argentina que valga la pena visitar? Cuentanos, que la memoria de estos lugares se construye entre todos.

SG

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