El final secreto de "El Imperio Contraataca": cuando George Lucas rescribió el desenlace con la película ya en las salas
Tres tomas nuevas, música extendida y diálogos remezclados en apenas tres semanas. Pocos lo supieron entonces y casi nadie lo recuerda hoy.
Imaginate la butaca de un cine de paso en el inicio de los años ochenta, la sala a oscuras y el runrún del Halcón Milenario perdiéndose en el hiperespacio mientras en la pantalla Luke Skywalker recostado en una camilla médica dejaba la historia colgando, abierta como una herida. Para la inmensa mayoría del público, ese era el final de El Imperio Contraataca. Sin embargo, los pocos afortunados que pudimos verla en aquellos primeros cines de 70 mm habíamos visto otra cosa: un corte distinto, más abrupto, que no terminaba de cerrar la sensación de que el Halcón y la fragata médica eran dos mundos separados. George Lucas lo notó apenas salió de la proyección inaugural y se propuso cambiarlo, con la película ya en cartelera.
El episodio lo rescata J.W. Rinzler en The Making of The Empire Strikes Back, el libro de referencia sobre la producción de la secuela de Star Wars, y pinta una postal poco habitual delLucas obsesivo que ya conocíamos por la primera entrega. En 1980, Lucas era un director joven que estaba terminando de montar una saga que ni siquiera él imaginaba lo grande que se haría, y El Imperio Contraataca llevaba dos años de rodaje, reescrituras de guion y rodajes adicionales en estudios de Londres y luego en los efectos visuales que comandaba Industrial Light & Magic (ILM), la empresa que él mismo había fundado en California después del éxito de la primera Star Wars de 1977.
Tres semanas para rescribir el final
La película había debutado en alrededor de un ciento de salas en formato de 70 milímetros, una copia especial pensada para cines grandes con sonido envolvente. Faltaban exactamente tres semanas para el estreno amplio del 18 de junio en 35 milímetros, el formato al que accedería el grueso de la audiencia. Lucas entendió que esa ventana era suficiente y llamó a Tom Smith, por entonces director general de ILM. Smith cuenta que su primera reacción fue pensar que se trataba de una broma: ya había copias girando en las salas, ya había público pagando entrada, ya había críticas publicadas. Lucas tuvo que aclararle que no, que el estreno masivo todavía no se había hecho y que había margen para meter mano.
- Una toma más amplia de la flota rebelde, para contextualizar el espacio donde se mueven las naves.
- Un acercamiento al Halcón Milenario antes de entrar en su cabina, de modo que el espectador siga a la nave en su trayecto.
- Un plano que conecta visualmente esa nave con la fragata médica donde están Luke, Leia y los droides.
Las nuevas tomas se diseñaron entre Lucas, Johnston y el camarógrafo de efectos especiales Ken Ralston, que por esos días descansaba en Los Ángeles tras meses de turnos nocturnos en el montaje y que, según recuerda Rinzler, también creyó que lo estaban cargando cuando lo citaron de urgencia. Johnston viajó después con el equipo hasta la localidad de San Rafael, en las afueras de San Francisco, donde ILM tenía sus instalaciones, y se rodaron los planos combinando material de archivo con modelos miniatura recién construidos.
La intervención, claro, no fue solo visual. La música original de John Williams tuvo que extenderse para acompañar la secuencia más larga, y buena parte del diálogo que se escucha mientras la cámara se mueve de un espacio a otro se reeditó para que sonara como una comunicación emitida por los sistemas internos de la nave y no como una charla entre personajes presentes. Son decisiones de sonido que, bien resueltas, pasan desapercibidas para el espectador pero terminan de cerrar la escena.
El 18 de junio de 1980, la versión en 35 milímetros llegó a los multicines de todo el mundo con los cambios incorporados y sin un solo comunicado oficial que advirtiera sobre la modificación. Quienes habíamos visto la película en las semanas previas y quienes la descubrían entonces estábamos mirando, sin saberlo, dos finales distintos de la misma película. La mayoría jamás se enteró de la diferencia.
Lo que me fascina de esta historia, y se lo confieso al lector porque es lo que más disfruto de estos oficios de contar el detrás de cámara, es que revela a un Lucas artesanal, casi de oficio, corrigiendo sobre la marcha una película que ya estaba en la calle. Es el Lucas de antes del CGI, de los modelos pintados a mano y los matte paintings, el que todavía discutía plano por plano con su equipo en una mesa y resolvía las cosas en tiempo récord. Hoy, con la saga convertida en una máquina de miles de millones de dólares y cada disponible en streaming con un par de clicks, cuesta imaginar a un director llamando por teléfono para cambiar un final con la película ya en cartelera. Aquella vez, además, pudo hacerlo sin que el público lo supiera. Y eso, lejos de ser un dato menor, dice mucho del momento en que se fabricó El Imperio Contraataca: una fábrica de sueños a escala humana, todavía capaz de corregir sus propios errores a último momento.
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